viernes, 13 de febrero de 2015

La lección

Las paredes,
todas ellas,
estaban llenas de tristeza,
fuera,
solo había neblina,
y el día que amanecía
era un día muy triste.

- Cuando todo comenzó
-dijo la voz:
-   el cielo era solo obscuridad
y truenos,
y lluvia perenne que rompía las
cosas.
No existían los Mares,
ni los vientos,
no había nada dulce ni hermoso,
tampoco existían ocasos
bonitos,
mucho menos estrellas en
la noche,
en verdad
Escriba, nada existía.

- Y, -preguntó el otro- en
el vacío,
en medio del vacío absoluto,
¿nació la vida?
-Sí...-
Susurró el Destino.

- “Las estrellas nacieron de un
suspiro,
y los mundos,
y los Universos,
de un suspiro de amor,
y el color de los cielos,
de los mares,
de las tardes bonitas,
ese color nació
de la libertad del corazón.
Y la tristeza de las mañanas,
de la neblina que yace fuera.
La ternura de los ocasos,
la dulzura de los amaneceres,
todo eso.
Nació del amor que se
esconde muy profundo
en cada pequeño beso.” –

El Escriba guardó silencio,
pensativo,
luego preguntó,
rascándose la cabeza:
- ¿Fue así como se creó el Universo?
-No –dijo el Destino,
sin poder acostumbrarse a la torpeza
de su asistente,
pero en vez de continuar,
suspiró profundamente,
dejándose llevar por la tristeza que
llenaba las paredes del cuarto,
por la neblina que había fuera;
posó una mano sobre la frente de aquel
extraño,
que yacía en el lecho
sin saberlo allí junto,
y antes de desvanecerse,
respondió:

-No Escriba,
aún no sabes nada del Amor,
ese fue el día en que él
la conoció.-


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Ética, II parte