viernes, 16 de octubre de 2015

Hiroshima y Nagasaki (2/2)


Existen muchos argumentos en pro o en contra del lanzamiento de las bombas nucleares.

Oppenheimer, el director del Proyecto Manhattan no fue finalmente visto como un héroe, sino relegado al olvido, poco a poco: hasta caer en la paranoia del director del FBI, y de muchos otros, que dudaban de su lealtad (cuando ocurrió Hiroshima y Nagasaki, ya los rusos tenían prototipos “extrañamente” parecidos, de hecho, no faltó mucho para que la supremacía norteamericana en cuanto a mayor capacidad bélica, se desvaneciera, fue allí donde nació una nueva paranoia, que fueran atacados en casa con sus propios inventos).

Oppenheimer dijo al tener éxito:  “I am become the destroyer of worlds” (“He llegado a ser [o me he convertido en] el destructor de mundos”), lo que siempre me ha inquietado de esa frase, no es lo terrible de su verdad, sino que NO era original del gran científico. Estaba recitando textos sánscritos antiguos, libros sagrados de la India.

El Mahabhárata o Mahābhārata, narra una GUERRA NUCLEAR de características mundiales (la guerra de Kurukshetra) sucedida hace unos 24 o 25 mil años. Allí, clanes hermanos resolvieron su disputa por el trono con una conflagración épica (tu me destruyes, yo te destruyo: el colmo de la estupidez).

Una una explosión perpendicular generando una enorme columna de humo -incandescente y de flama tan brillante como miles de soles juntos- envuelta en círculos concéntricos de ondas que se extendían como parasoles gigantes.

Según el texto, la guerra duró apenas 18 días, pereciendo la mayor parte de los involucrados (de un lado –los Pandavas- con 1,5 millones de soldados; del otro, los Kauravas, con casi 2,5 millones de hombres), solo quedaron 12 (ambos bandos en conjunto). Los grandes valores y las ideas nobles de la humanidad se desmoronan por completo, y la era entró de lleno en su cuarta edad, en donde la moralidad y virtud se disolvieron de manera completa.

La obra completa detalla no solo la guerra, sino las batallas individuales. Habla de naves voladoras, de armas laser, de cómo el mundo se va extinguiendo poco a poco, a medida que las bombas caen sobre antiguos reinos, que se han aliado a alguno de los clanes rivales.

Lo preocupante de todo ello, es que pruebas científicas actuales le dan la razón.
Las excavaciones arqueológicas de Harappa y Mohenjo-Daro, sacaron a la luz esqueletos esparcidos por toda la zona como si un evento súbito hubiera devastado las ciudades. La mayoría de ellos estaban cogidos de las manos, como si la tragedia hubiera sobrevenido mientras huían de algo terrible. Aún, después de siglos, se les encontró radiación (50 veces superior a la de Hiroshima y Nagasaki). Las murallas (Ganges y las montañas de Rajmahal: imperio Rama, la India actual) se encuentran fundidas y fusionadas estructuralmente (vitrificadas). Y una densa capa de ceniza radiactiva cubre 5000 kilómetros cuadrados en Rajasthan.
Todo comenzó investigando las altas tasas de cáncer de la población, devastada por un fuerte problema de mortalidad infantil. Al noreste de MUMBAI se encuentra un cráter radiactivo (cuya antigüedad data de entre 12mil y 50mil años) de poco más de dos kilómetros. No se han encontrado evidencias de meteoritos, ni de actividad volcánica.

Y yo me pregunto, que aprendí a hurgar en lo antiguo al ver como nuestra ignorancia de lo sucedido a nuestros ancestros, nos pone a una paso de repetir sus errores: ¿y si nosotros somos el futuro?
¿Y si el fin del mundo, tan cacareado por los profetas del desastre, ya sucedió?
¿Como sobrevivientes de una devastación total -decenas de siglos después- nos estamos arriesgando?, por considerar a nuestros antiguos historiadores la parte infantil de la historia de la humanidad (a sus grandes personajes les llaman dioses, montados en dragones de metal que despedían fuego o brillaban en los cielos).
Y si el Antiguo Testamento  -al igual que muchos otros a todo lo largo del mundo- tiene razón con eso de la inundación bíblica: una manera de limpiar de radicación el planeta entero (¿o no es con agua como intentaron hacerlo en Japón hace poco?)

Al fondo del camino hay una luz dijo, alguien.
¿La veremos todos algún día?
Comprenderemos que el futuro no está en quién asusta más, o en quién es más tecnológico y bélico, sino en entender que el 99% de nuestro ADN es exactamente igual, que compartimos una única casa (el planeta tierra), y todos sus servicios (aire, agua, alimentos).
Comprenderemos que nuestro futuro no está en amenazar y asustar a nuestros vecinos, sino en darles una oportunidad para mejorar su “calidad de vida”. ¿Que lo que viene, ya está cargado sobre nuestros hombros?

“…Venía a bordo de un vimana,
y sació su ira enviando un sólo y único rayo en contra de la ciudad.
Una enorme columna de fuego diez mil veces más luminosa que el sol se levantó,
y la ciudad quedó reducida a cenizas en el acto…”

En otros versos:
“Era un solo proyectil
cargado con toda la fuerza del Universo.
Una columna incandescente de humo y llamas
brillante como diez mil soles
se elevó en todo su esplendor…
(…)Era un arma desconocida,
un relámpago de hierro,
un gigantesco mensajero de muerte,
que redujo a cenizas
a toda la raza de los Vrishnis y los Andhakas.
(…)Los cadáveres quedaron tan quemados
que no se podían reconocer.
Se les cayeron el pelo y las uñas:
los cacharros se rompieron sin motivo,
y los pájaros se volvieron blancos.
Al cabo de pocas horas
todos los alimentos estaban infectados…
(…)Para escapar de ese fuego
los soldados se arrojaban a los ríos,
para lavarse ellos y su equipo…

El Mahabharata.

Tan poderoso que podía destruir la tierra en un momento:
un gran ruido que se elevaba en humo y llamas…
y sobre él está sentada la Muerte…


El Ramayana