lunes, 13 de junio de 2016

Estupro
“Si la carne ha sido hecha a causa del espíritu, es una maravilla.
Si el espíritu ha sido hecho a causa del cuerpo, es la maravilla de las maravillas.
Mas yo me maravillo de esto: ¿Cómo esta gran riqueza se ha instalado en esta pobreza?
Jesús de Nazareth


A veces pienso de más, lo sé. Resulta evidente que el concepto (estupro) no está bien claro en nuestras tercermundistas tierras del sur. Estupro no es exactamente violación, que en nuestro imaginario colectivo implica violencia de algún modo. No.
Estupro titula el simple hecho de tener sexo con alguien sin su pleno consentimiento (por engaño o coerción); como por ejemplo el ejercido por los Cascos Azules en África, y por los soldados norteamericanos en Vietnam. Los primeros por pésima educación (y por supuesto, por oportunidad), los segundos, por la locura que produce una guerra en donde morían de las mil maneras posibles, y nunca veían al enemigo (siempre eran niños, niñas, adolescentes y ancianos). Aunque no hay excusa posible – eso también merece un “por supuesto”- la locura es difícil de evaluar.
En ambos casos los jóvenes militares pusieron sus miembros en las bocas de niños y niñas, para que los chuparan a cambio de una golosina, un plato de comida, o un dólar.

El primero estalló como una bomba en los escritorios de la alta jerarquía de las Naciones Unidas, el 2do, era un rumor callado entre los veteranos, hasta que fue sacado a la luz por algunos cineastas hollywoodenses.

Estupro –por ejemplo- lo viví en Playa el Agua, cuando bajo un supuesto acuerdo entre adultos, la señora se dedicó a regar por toda la playa, detalles cada vez más picantes de la relación, para luego, a mis espaldas, convencer a todos que estábamos perdidamente enamorados, y que pronto nos iríamos a Italia para casarnos.
Cuando fui advertido, cuando caí en cuenta, cuando finalmente entendí las miradas y las murmuraciones cada vez que pasaba, fue peor, porque al dejarla me amenazó, y yo caí más hondo. Desesperado por contener su persecución, comencé a gritarle en público –no razonaba, no entendía, no negociaba-. Y poco a poco perdí mi reputación –recuperarla me ha llevado años-, y a todas mis amigas.

Estupro fue lo que le hicieron a muchas muchachas –no ha todas- que amanecieron en hoteles llenos de turistas extranjeros, o en la playa, bañadas de un hermoso amanecer, con sus esperanzas desperdiciadas en la arena, junto a uno o dos preservativos, y las burlas de quienes las veían a lo lejos.

También lo que le sucedió al noble holandés que creyó haber encontrado al amor de su vida, para descubrir a la mañana siguiente –luego de una semana soñada-, que el amor de su vida le pasó factura –y en dólares-.

Antes, durante los siglos obscuros de la Santa Inquisición, al estupro lo llamaban “demonio”, y es que así, era más fácil ejercerlo sin castigo.
Hoy en día, después de 200 años de “la libertad, igualdad y justicia”, el tan malamente usado eslogan arengadas por la Revolución Francesa, la revuelta de las 13 colonias, y la impresionante gesta del excéntrico millonario Don Francisco de Miranda, y su no menos filoso pupilo, el general Simón Bolívar, a quien el terriblemente famoso y despiadado ejército real español le temía, nuestras sociedades ejercen el estupro cotidianamente, y es aceptado generalmente por necesidad, de una u otra cosa.

Pero la violación de 30 sujetos a una chica en Brasil, hecho celebrado por los victimarios en las redes sociales, no fue un estupro.
Fue un acto de violencia sexual, ejercido en manada.
En la edad media se practicaba por los “caballeros”, para domar a las mesoneras o a la servidumbre cuando se hacían las duras ante sus avances sexuales. Le llamaban el “polvo del 33”, supongo que como burla al Nazareno.

Cuando entré al mundo laboral, alguien me refirió el acontecimiento cuando vio pasar a una espectacular rubia. El castigo lo ejecutaron 16 sujetos –todos sus vecinos, desde niños-, y después de la 2da vuelta –concluyó, justificando el crimen- ella misma suplicó por una tercera.

El ataque sexual en manada me recuerda a las Hienas y a los Chacales, pero es su manera de superar las adversidades, y sobrevivir.

¿En base a qué lo hacen nuestros jóvenes?
¿Tanto miedo le tienen a estar con una mujer a solas?
¿Es que no tienen una erección si una docena de sus amigos no los está viendo?
¿Y la burla luego, qué sentido tiene?

Mientras más escribo, mientras más lo pienso, mientras más lo imagino, más asco me da, más vergüenza ajena.
¿Será que nacieron de vaginas masculinas?
¿O crecieron teniendo sexo con muñecas de plástico, con las gallinas en el patio de atrás, o con los perros del vecino?

Luego fue peor, y entendí parte del problema:
La madre declaró que la muchacha se la pasaba con narcotraficantes…
Y los reporteros se regocijaron: nuestros muchachos no son unos animales, ¡fue ella¡
La culpable.
En Colombia hay un caso parecido –con juicio y todo-.

Sin embargo, cuando nos llaman tercermundistas y atrasados, nos encabronamos, nos ofendemos, nos rasgamos las vestiduras.


Dos mil años, y Sus palabras aún están vigentes: Si la carne ha sido hecha a causa del espíritu…