viernes, 6 de octubre de 2017

Las «dos» Venezuela


Esta coyuntura necesita obligadamente de un primer paso: lograr respeto.
Y el respeto solo se consigue «respetando»: interrelacionarse sin agredir, sin insultar; sin burlarse del contrario y sin denigrarlo sólo porque piensa diferente.
«Por todos los caídos al no acatar las órdenes del contrario (víctimas que parecen interesarles sólo a sus seres queridos): los que murieron quemados, degollados, y tiroteados por la espalda en medio de las «manifestaciones Opositoras». Por los que se pudren en las cárceles oficialistas, olvidados por un sistema que cree que así, ejerce su derecho a defenderse. Por quienes queremos a Venezuela de vuelta, la Venezuela de todos, para todos. Perseguida por unos pocos para enriquecerse, por unos pocos que no supieron cómo manejar eficiente y eficazmente la inmensa riqueza que la historia les colocó en las manos. Acorralada por unos pocos que van afuera, para que los líderes foráneos los coloquen en el poder, porque acá no han sabido ganarse el apego electoral».

Ante todo, un abrazo. Quisiera comenzar con el siguiente párrafo:
El poder de crear al «enemigo»
“Los sistemas crean jerarquías de dominio con líneas de influencia y de comunicación que van hacia abajo y rara vez hacia arriba. Cuando una élite del poder quiere destruir un país enemigo, recurre a los expertos en propaganda para crear un programa de odio. ¿Qué hace falta para que los ciudadanos de una sociedad acaben odiando a los ciudadanos de otra hasta el punto de querer segregarlos, atormentarlos, incluso matarlos? Hace falta una «imaginación hostil», una construcción psicológica implantada en las profundidades de la mente mediante una propaganda que transforma a los otros en «el enemigo» …
Todo esto se hace con palabras e imágenes. El proceso se inicia creando una imagen estereotipada y deshumanizada del otro que nos presenta a ese otro como un ser despreciable, todopoderoso, diabólico, como un monstruo abstracto que constituye una amenaza radical para nuestras creencias y nuestros valores más preciados. Cuando se ha conseguido que el miedo cale en la opinión pública, la amenaza inminente de este enemigo hace que el razonable actúe de una manera irracional, que el independiente actúe con obediencia ciega y que el pacífico actúe como un guerrero” .
Desde abajo, el párrafo anterior explica lo que –para nosotros- es la esencia del problema en el que actualmente estamos inmersos. Cual niños malcriados, nuestros líderes –tanto del chavismo como de la oposición- se han sentado de espaldas, se han tapado los oídos y comenzado a cantar: lero-lero. Según nuestros líderes, esta es una reunión de diálogo.
Al principio de la Revolución «pacífica» del Comandante Chávez, recuerdo que nos pidió veinte años para convertir a Venezuela en una potencia. El optimismo de los abandonados durante 40 años se sintió representado finalmente, no en balde el hombre era osco, bachaco, ordinario, gritón, y totalmente espontáneo. Pero también era astuto y tenía don de mando. Dieciséis años después ¿qué tenemos? El líder se murió, y con él parece que murieron los grandes proyectos agrícolas, el sueño de la potencia gasífera. La excelente producción de computadoras y automóviles y autobuses, eso también ha quedado en veremos, de hecho, la línea de transporte conocida comúnmente como los rojo-rojitos, está desapareciendo, y es que, cuando no es usada para mítines políticos, para las vacaciones escolares, o para las cumbres, no tienen mantenimiento, por falta de repuestos o personal. La revolución pacífica de hoy día está en manos de la siguiente línea de líderes, en un enroque que los cambia de lugar, más nunca refresca la cúpula. Se entiende que están hartos de ser traicionados, pero tampoco aceptan críticas. Con cuatro o cinco «Misiones Sociales» más o menos certeras: oftalmología, vivienda, pensión para vejez (extremadamente oportuna), atención médica y educación (bastante dudosa, por cierto, demasiados rudimentos básicos y sin verdaderas mejoras de fondo: conozco un abogado que cuenta con un solo libro –que nunca ha leído-; es grosero, ordinario, usurero y alcohólico. Cuando le cancelaba el alquiler mensual, llamaba un taxi para que lo llevara al abasto de la esquina –cosa de trescientos metros a pie- y pasaba todo el día bebiendo licor con su mujercita hasta el atardecer. Cuando volvían, bastante entrada la noche, se peleaban a gritos antes de entrar al cuarto. Nunca vi su diploma, pero sí –supongo porque todo el mundo lo decía- era abogado, de los de Chávez, y tenía licencia para ejercer. A la mañana siguiente me decía con una sonrisa burlona: debo subir el alquiler, ¡no me alcanza para comprar comida!).
Por lo que sé, la mayoría de los que asistían a clases cuando no lo hacían por un diploma (para validar de algún modo su experiencia en el campo), iban por la beca. Oftalmología desapareció. Vivienda a paso de morrocoy. Pensión para vejez, de poco resultado económico (colas interminables, procedimientos engorrosos, y una situación monetaria, que obliga a nuestros adultos mayores a repetir la visita al banco dos o tres veces). Atención médica: emergencia, paramédicos y guardavidas, bastante buenos, y gratis. Pero en muchos otros aspectos ya parecemos un país de cuarto o quinto mundo. Sabemos cuál es la meta en viviendas, cuantas cajas de Clap están entregando, pero no sabemos a cuantos «no» les está llegando, ni sabemos cuáles exactamente son las carencias habitacionales. ¿Merecemos que unos líderes cuya mala gestión ha arruinado al país más rico de la región, continúen al mando?
El chorro de petróleo estaba abierto y la presión era fuerte.  Emborrachados, los herederos del difunto (en paz descanse, si es que no está viendo lo que hicieron con su sueño) se regodearon en la riqueza, como puerquitos bebés la primera vez que los sueltan en el lodo. Pensaron -ignorando las advertencias que se les hizo de buena fe- que la riqueza sería eterna. Algo sí aprendieron, y rápido: los beneficios sociales son un extraordinario activo electoral.
Pero, a rey muerto…
Los líderes sustitutos olvidaron las bases de la Revolución pacífica, olvidaron lo que los convirtió en ícono mundial.
Y, como parece que no saben cómo resolver, utilizan la política del avestruz: «aquí no se habla mal de nadie». Se tapan los oídos y cantan “lero-lero”, ignorando todas las críticas, sin saber que son una extraordinaria fuente de mejora.  Estamos informados de lo mal que lo están haciendo en Argentina, y en Brasil, no se diga los errores en Francia, sabemos cómo los policías blancos agreden a los afroamericanos en los Estados Unidos, y como Puerto Rico compra su alimentación afuera con dinero prestado “de afuera” (el mejor negocio de los países primermundistas: la usura). Pero en Venezuela, de Venezuela, no se habla. Para los chavistas vivimos en un mundo «casi» perfecto. Lo que para los opositores es una fantasía. Para estos, en el país todo está mal, lo que para los chavistas es una imposición de quienes los manipulan cual marionetas, desde afuera. Nuestros líderes han parcelado sus públicos, para ellos hablan, para ellos trabajan, para ellos son sus medios de comunicación y su propaganda. Los otros, los del banco contrario, no existimos. Somos los enemigos creados, y tenemos que ser no solo vencidos electoralmente, sino después, perseguidos y quizás –por una u otra razón- eliminados: eso en esencia, es lo que tiene trancado el juego. Hace tiempo dejamos de ser venezolanos, ahora somos chavistas, ahora somos opositores. Creamos nuestro propio apartheid. Y la guerra consecuente, nos tiene donde estamos.
Ni la Oposición ni el Chavismo han tocado el tema de los «Panamá Papers», tampoco se ha hablado de las acusaciones de drogas.
Insultando:
Luego tenemos esa manía por insultar a los líderes extranjeros. No pueden estornudar porque inmediatamente la Cancillería saca una réplica: Venezuela no está de acuerdo con esto o con aquello. En defender la revolución se ha perdido un dinero y un tiempo precioso. Y como en el cuento para niños: «EL IMPERIO VIENE…, y El Imperio Viene… y el imperio viene…»
Ya llegaron sus medidas económicas. Justo o no, pueden hacer con su dólar lo que les venga en gana, no en balde ellos son los que lo hacen, y son sus políticas las que lo tienen donde está. Desde abajo nunca hemos entendido esa manía por parecerse a Cuba. Bueno. Estamos a punto de que nos impongan un bloqueo en el único rubro que exportamos: petróleo.
Los alimentos están fallos. Las medicinas. Los servicios muy deteriorados. En donde vivo la luz la cortan todos los días. Y ahora no tenemos ni gasolina. ¿A dónde se nos fue el comandante? El hombre del por ahora. El que cabalgaba sobre su caballo pinto –de porte no tan gallardo, pero peligrosamente cotidiano-todos los domingos y hablaba hasta la saciedad en un programa transmitido por televisión y por radio, que no necesitaba propaganda previa. ¿Dónde están sus ingenios azucareros, y su fabulosa producción agrícola? ¿Dónde quedaron sus gritos de emoción porque íbamos a convertirnos en una potencia...
Pero hay Patria. ¿Y quién dijo que antes no la hubo? Por Patria fue que nació la Revolución, y por Patria es que se ha mantenido la Oposición.
¿Quién dijo que los líderes en el poder, en cualquier parte del mundo, solo se debían a sus seguidores? No. Por ignorarlos, por concentrarse en pegar gritos e insultar, olvidando la construcción de una estructura idónea, de unas reglas claras, de una honestidad en el proceder tanto como en el hablar, esa otra mitad que los adversa, está viendo sus argumentos triunfar.
Los que emigran:
Durante los últimos años ha habido una diáspora: primero fueron profesionales y técnicos, los que vivían bien antes de Chávez y se sintieron amenazados por quien les gritaba a la cara, como ellos hacían a sus subalternos: ¡fuera!
Luego fueron estudiantes universitarios que no estaban dispuestos a esperar veinte años por una promesa, la querían ya, y para lograrlo, se metieron en el bolsillo sus títulos y diplomas, y se fueron a vender pizzas, a ser mesoneros, jardineros, a lavar ropa y a planchar. Con esos pequeños trabajos (que por el simple hecho de ser honestos tienen el mismo valor de los grandes trabajos) al poco tiempo tuvieron como alquilar un buen piso, luego comprar, y hasta abrir pequeños negocios. El último lote de venezolanos en emigrar, no cuenta casi con estudios: emigran por hambre, por desesperación, por miedo. Por oportunidad.
Nuestros líderes gubernamentales olvidaron manejar adecuadamente nuestra riqueza, y dieciséis años después de su arranque oficial, el país más rico de esta parte del hemisferio, tiene una pobreza que grita a los cuatro vientos, sus errores financieros y macroeconómicos, pero sobretodo, la dejadez de una estrategia que se nos vendió como la única posible, para otorgarnos la mayor felicidad, cuando que lo único que queríamos, era lo que quieren todos, en todas partes del mundo: mejorar nuestra calidad de vida. Y lo queríamos, sin ofender a nadie, sin pelearnos con nadie, sin agredir ni perseguir a quienes no compartían nuestros ideales. Y teníamos esperanza de que los resultados nos dieran la razón.
Nuestros líderes opositores también se encuentran embarrados. Cuando a todos nos cuesta muchísimo sacar 5.000 bolívares de un cajero, llevan dos millones en la maleta: ¡pa la abuelita!
No es justo que vayan por el mundo, señores y señoras, bien vestidos, bonitos, educadamente, estrechando manos importantes (esas insignes personas van al baño igual que todos, les cuento), pero cuando están acá, gritan a las cámaras, sucios, enardecidos, camisas abiertas: ¡no se puede abandonar la lucha hasta que Maduro caiga! O lo que es lo mismo: nos impondremos a gritos y a puñetazos.
Ambas partes han dado lo suyo, en una guerra que se está haciendo eterna, y que ha mermado peligrosamente nuestras finanzas, y pronto, eliminar totalmente nuestro poder de recuperación.  A unos se les mueren los presos en las cárceles, por mala -pésima- atención; los otros aúpan a nuestros muchachos, atacados por las vicisitudes que a todos nos agobian, desesperados por no tener un trabajo digno, bien remunerado, o porque no encuentran oportunidades, porque no saben cómo salir adelante o porque los veinte años que nos pidieron cada vez se multiplican un poquito más, y arropados en la locura mesiánica, en la droga y el alcohol, en el dinero fácil, colocan guayas, para que los motorizados chavistas (¿cómo los identifican?) cuando «no acaten» sus órdenes, se degüellen al pasar; y matan inocentes a balazos –por la espalda mayormente- , y en el furor de la contienda, atrapen a cualquiera, y lo quemen vivo.
Total, cuando sean encarcelados, se ganarán automáticamente el mote de «presos políticos», y la comunidad internacional –aterrada de no entender cómo hemos llegado a esta situación- intentará protegerlos. ¿Merecemos que unos líderes que nos venden esto como oferta electoral, continúen intentando el mando?
Hoy día, el liderazgo chavista nos ha igualado a Cuba; y el liderazgo opositor, nos ha abandonado para pelear sus batallas electorales fuera, donde están los dólares. Tenemos un líder en el congreso norteamericano, descendiente de cubanos «por quien nunca votamos». Pero vela por nosotros (a sus votantes no les debe faltar nada). En su afán por internacionalizarse, los chavistas se han asociado con China y Rusia (ignorando a nuestros hermanos bolivarianos primero, y a nuestros vecinos americanos segundo). A los Estados Unidos lo han utilizado como argumento desde el principio, todas las semanas, y casi todos los días, insultan sus líderes, les culpan de todos nuestros males, olvidando poco a poco «que así no se trata a un Cliente». Y los opositores, seguros de que su sangre nunca será derramada, se han aliado con el Imperio, probablemente en el supuesto dado de que, de alguna u otra manera, los instalen en el poder.
Ambos pecan de igualdad (chavistas y opositores) ambos desprecian a los venezolanos que estamos al otro lado de su línea ideológica. Ambos buscan apoyo fuera –porque no hay modo ni manera de que nos obliguen a una guerra civil, por ahora.-. Ambos, no ceden.
No creo que los gringos invadan, aunque resulta evidente que se están preparando para cualquier eventualidad (nada que ver con que Rusia o China vengan de tan lejos a pelear una guerra ajena), pero quizás haya algunos fanáticos que quieran –en el fragor de la pasión imaginativa al mejor estilo cinematográfico- ser Rambos o Bin Ladens, peor aún, que a nuestros líderes se les ocurra comprar equipo nuclear o cohetes de largo alcance. Los norteamericanos ya eliminaron el argumento de una Cuba sin bloqueo (al menos como tema de conversación); tienen siete bases en Colombia y pacificaron a uno de los más peligrosos socios locales del chavismo, no en balde le consiguieron el nobel al presidente colombiano. Actualmente hacen prácticas militares con casi todos los países de América, tanto en el Caribe, como en el Sur, pero nuestros líderes oficialistas nunca han leído verdaderamente a Bolívar, de otro modo no se entiende cómo es que no se percatan de la estrategia.
Ahora, si, sin disparar un solo tiro, estamos como estamos, ¿qué sentido tiene arriesgar la vida uno de sus muchachos, y de paso, echarse encima a los países amigos, que ya desecharon la idea de una intervención militar? No, la invasión no tiene ningún sentido estratégico.
Solo tienen que sentarse y esperar. Que el barco está haciendo agua, y si los chavistas logran sacar el país adelante, harán cátedra, porque dada la situación en que, con ayuda de la oposición, nos metieron, parece prácticamente imposible en el corto o mediano plazo.
¿Viene un cambio?
Quizás. De qué tipo es lo que preocupa, porque ninguna de las partes beligerantes parece saber aún, cual es -en esencia- el problema de fondo. Y si no lo saben ¿cómo lo arreglan?
Todos sueñan con la lluvia de dólares. Ambos pareciera que están esperando a que el precio del petróleo suba, unos para arreglar las cosas a punta de billetes, otros –en la eventualidad de que sus socios logren colocarlos en el poder- para arreglar las cosas a punta de billetes. Con lo cual no habría una verdadera recuperación, sino más de lo mismo: una cirugía plástica. Los chavistas se aferran, como segunda opción, al grifo –que ya muestra problemas por falta de mantenimiento, de cuido y de estrategia. Producimos el 35% del consumo interno, por tanto ¿qué exportamos entonces? - Los opositores por su parte, parecen soñar con un Plan Marshall, con ellos a la cabeza supongo, de otra no tiene sentido.
¿Existe algún líder en el horizonte que hable el mismo idioma de las dos Venezuela, sin perder el apego de sus seguidores? ¿Un Ser Humano que nos vea a todos, como Seres Humanos?, y no como sus enemigos acérrimos, a ser quemados vivo, degollados, tiroteados o, en caso contrario, golpeados hasta el cansancio y finalmente arrojados a celdas insalubres, sin atención y sin visitas. ¿Existe alguien en la Oposición que sepa ganarse los laureles, sabiendo que, si finalmente los líderes foráneos logran imponerlos en el poder, por eso mismo, su liderazgo será efímero? ¿Alguien que no quiera borrar la Revolución, con todos sus íconos y sus logros sociales, con su primer decreto? ¿Existe alguien dentro del Oficialismo que entienda que los de la Oposición «también» somos venezolanos, y merecemos el mismo respeto y amor que sus seguidores políticos?
Lo único que todos queríamos, «que queremos», es mejorar nuestra Calidad de Vida. Es lo que quieren todos los Seres Humanos, en todas las partes del mundo.
La revolución pacífica está al filo del abismo. Y créanlo, si finalmente cae va a ser borrada de todos los libros a nivel mundial, y va a ser así, por inepta.
¿Pero quién liderará el futuro? ¿Quién nos devolverá nuestro don de gentes y nuestra facilidad para hacer amigos? ¿Quién nos devolverá la sonrisa? ¿Quién traerá de vuelta algo por lo que éramos famosos: el amor a nuestro prójimo? El compartir. El recibir a cualquiera con una hallaca y un trozo de pan de jamón.

Un sueño a veces me inquieta. Veo la hecatombe del uno contra el otro, al quitar los beneficios sociales, al traer de vuelta al Fondo Monetario Internacional, al vender a los extranjeros nuestros recursos naturales. Al pensar en un Temer o en un Macri al mando de la nación.
Veo la hecatombe del uno contra el otro, al continuar ignorando a ese 50% de la nación, que el Chavismo no se ha podido ganar en buena lid, sin ponerles dólares baratos para que especulen, sin arrinconarlos pensando que comprar fuera costaba menos y era mejor, y permitiendo que sean sometidos por una estructura militar, diseñada para la guerra, y no para el control ciudadano.
Una pesadilla a veces es peor, y despierto en la madrugada, sudando, aunque esté haciendo frío: que la coyuntura y la división lleguen finalmente a los extremos, y luego de comprarles armas a los estadounidenses y a los rusos, nos matemos los unos a los otros, porque se nos olvidó como sentarnos a hablar a la puerta que da al zaguán, y a la ventana de la hermosa vecinita que nos saluda desde adentro. Y luego, de lo poco que quede, se levante muy precariamente una Venezuela del Este, y una Venezuela del Oeste, pagando en el muy, muy largo plazo, las armas que les compramos a los estadounidenses y a los rusos.

«Por todos los caídos al no acatar las órdenes del contrario»