domingo, 13 de diciembre de 2015

A partir de los 10 años, cuando murió, la que por amor me dio mi primer beso –ella tenía 11-, la muerte se hizo costumbre en mi entorno. Hasta llegó un momento en que pensé, que todas las personas que en verdad me querían, terminaban muriendo. Cierto o no, me daba terror enamorar a cualquier chica o buscar amistades verdaderas. A los 16 decidí suicidarme. No lo hice por supuesto, pero desde entonces superar la navidad me resultó cada vez más difícil. Recuerdo que regalaba mucho en esta época, aún si me quedaba sin un bolívar; pero es que –a pesar de todos los chismes que se creaban en torno- me sentía tan vacío, que dar obsequios era la única manera de alcanzar un equilibrio que me permitiera llegar a enero. Lo que para la mayoría era un intento por obtener favores, no siempre éticos, para mí era solo una desesperada manera de sobrevivir.
Mi experiencia con el Pastor (cuya oficina representaba por entonces al Departamento de Movilidad Humana de la Iglesia y localmente a ACNUR – Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados-, y su ayuda desinteresada), así como los años en Playa El Agua, conviviendo con lo que para muchos era escoria social –navegaos de todas partes del País: prostitutas, drogadictos, resentidos, abandonados, e inclusive gente que huía de algo o de alguien-, me permitieron finalmente superarlo.







La Canción


-          Dice que es hermosa. Pero la quiere cantar él mismo, y la música la quiere escrita para guitarra.
-          ¿Para guitarra?
-          Sí.
-          Un sacerdote cantando... Y con guitarra. ¿Está loco?
-          No hables así. Que te lleva el diablo.
-          Avemaríapurísima.. Cállate, que me asustas.
-          Además, está muy emocionado; ¿quién le quita la idea? Será el mejor villancico desde que nació nuestro Señor, dice.
-          Pero está loco. En ninguna parte el sacerdote canta, y menos con guitarra.-

Las jóvenes vieron salir al sacerdote a la puerta de la Iglesia, fue como si les hubiese escuchado. Y salieron corriendo.
Se acercaba la navidad de 1818, y el pequeño pueblo de Oberndorf, en Salzburgo, Austria, padecía de los mismos problemas que el resto de Europa, que intentaban recuperarse de las cruentas guerras de algunos años atrás.

-          ¿El padre Mohr quiere cantarla él mismo?
-          Escribió los versos. Dice que es su derecho. Gruber le va a acompañar con la guitarra.
-          ¿El maestro de la escuela?
-          Le pidió que escribiera la música. Todo el pueblo está a la expectativa.
-          Sí. Lo supongo. ¿Cómo se llama?
-          ¿La canción? Stille Nacht. – El farmaceuta, experto en medicina natural y cura con hierbas, arrugó el ceño. El otro continuó: Están remozando la Iglesia de San Nicolás. Bueno, solo un poco. En el interior. No hay recursos para más.
-          Eres la autoridad. ¿Vas a permitirlo?
-          Solo soy el Alcalde. Todos necesitan una esperanza. Hemos perdido mucho. Quizás tenga razón. O la Divina Providencia lo inspiró.
-          La Divina Providencia. – Susurró el otro, cuya hija se había fugado con un soldado francés, y su hijo había muerto mientras traficaba contrabando más allá de las líneas enemigas.
-          Mi mujer le cocina, y aunque él no le permite que hable de la letra, dice que los versos son muy hermosos.
-          ¿Y qué otra cosa va a decir? La escribió él.
-          Sí. Bueno. En eso lleváis razón.
-          Ojalá no nos haga pasar un mal rato. Seremos el hazmerreír de toda la comarca y de los pueblos de más allá. – El Alcalde pareció entender su punto, y arrugó el ceño, pensativo.

Toda Europa estaba colmada de miseria, marginación y enfermedades. Era la época de la ruptura social, del fin del absolutismo como forma de Gobierno. Las monarquías se habían reinstalado luego del fin de las guerras napoleónicas y del, según algunas teorías, asesinato del carismático líder galo, Napoleón. Pero ahora nadie se creía eso de que los Reyes eran dioses. El pueblo francés lo dejó bien claro cuando guillotinó a sus monarcas, y a los pocos años, defendiendo su revolución y sus ideas, conquistó Europa.
En España moría el legendario enemigo de su majestad católica, Don Francisco de Miranda, uno de los masones mejor preparados y más peligrosos de todo el “Mundo Conocido”.  No sólo contaba con la amistad de las personalidades más importantes de la época, sino uno de los hombres más ricos de todo el imperio. Su biblioteca personal tenía poco más de 6 mil volúmenes, hablaba (y escribía) en no menos de 6 idiomas, y a pesar de su popularidad y sus honores militares (ganados al Servicio del Imperio Español y posteriormente en la Revolución Francesa, y celebrados tanto por las autoridades inglesas y rusas, como las norteamericanas)  para los espías del Rey, era prácticamente invisible.
 Y en Sur América, Los Libertadores (comandados al norte, desde lo que hoy se conoce como Panamá, por Don Simón Bolívar, otro príncipe de la nobleza española, y al sur, desde el Río de la Plata, por su –según las últimas investigaciones- segundo en una trama de espionaje, que terminó cercando las fuerzas imperiales del gobierno español, entre lo que hoy se conoce como Bolivia y Perú, el no menos impresionante General rioplatense, Don José de San Martín) luchaban primero, para que la orden de aniquilación total del Rey no se cumpliera, y segundo, para imponer los cambios sociales que los Masones pretendían para el Mundo: Libertad, Igualdad, derechos humanos universales…
La Historia había cambiado a partir de la Rebelión he independencia de las 13 Colonias (convertida luego en los Estados Unidos) y de la Revolución Francesa. Ahora los sueños por un mundo mejor (acabar con la esclavitud, convertir a los súbditos en ciudadanos con derechos y responsabilidades, por eliminar el poder de un solo hombre, su familia y sus acólitos) llenaban de sangre los hermosos paisajes del Nuevo Mundo.
Para la mayoría repito, eran luchas por mejorar la condición social del Ser Humano; para unos pocos, eran los intentos desenfrenados del Anticristo, por quitarles sus parcelas de poder, su desproporcionada riqueza sometiendo a las mayorías, y lo más inquietante: eliminar el brazo torturador y apocalíptico de la Santa Inquisición, que asesinaba de la peor manera posible, y arrebataba fortunas enteras, engañando, mintiendo y, de ser necesario, quemando vivas familias completas.
En ese panorama, la mayoría de los jóvenes emigraban para no volver, ilusionados, desesperados o esperanzados, por vivir los cambios, llenos de aventuras y nuevas realidades, tanto sociales como económicas. Eso fue probablemente lo que sucedió con el padre de Mohr, que abandonó a su madre aún sin dar a luz, y con varios hermanos, que le ganaron el desprecio de la sociedad (y de paso la multaron) y la miseria absoluta.



-          Entiende mujer. Su padre lo abandonó apenas nacer. Era soldado. Y desapareció una noche. Así no más.
-          Eso no le da razón, dicen que su padrino era el verdugo del pueblo, y como tenía prohibido entrar a la Iglesia, mandó a su cocinera para que lo bautizara en su nombre.
-          Sí, pero de otra la madre iría a la cárcel. ¿Cómo le van a pedir 9 florines, cuando no tenía ni para alimentarse?
-          Las autoridades lo que querían era darle una lección al resto. No estamos para tener hijos a diestra y siniestra. Si no los puedes mantener son una carga para la sociedad, se no mueren pronto, se hacen pillos, por decir lo menos.
-          Un buey costaba en esa época 12 florines. ¿Quién no comulga con Napoleón y la chusma francesa ante tamaña injusticia?
-          Igual.. Es un sacerdote. Está bien que haya escrito la canción, pero que la cante un cantante.
-          Tiene una excelente voz. Un maestro del coro de la catedral de Salzburgo le escuchó a los 7 años, y convenció a la madre para que lo dejara entrar en la cantoría.
-          Sí, ya sé. No vuelvas sobre lo mismo. Declarado huérfano porque los hijos de madre soltera eran inadmisibles. Le cambió la vida, perfecto, pero ¿eso le da derecho de cambiar a su antojo las tradiciones?
-          Toda una vida nueva y para ello, tenía que ignorar a su propia madre al verla en la calle.
-          Sí. Bueno. Debió haber sido muy duro.
-          Dicen que conoció a su abuelo.
-          Sí, también me lo has contado. En Mariapfarr, una aldea perdida en las montañas, bosques y prados, a cuatro días de Salzburgo.1000 metros de altitud y sólo se le puede llegar en verano. Allí se curó de sus males de pulmón…
-          Sí, pero un tiempo después tuvo que dejarlo. Fue así como llegó acá.
-          Debió quedarse. En las montañas. Y morir como todo un padre, sin molestar a nadie.
-          El anciano fue el que le enseñó de tradiciones, y de los pequeños placeres de la vida simple, en orden con Dios… Murió este año.
-          Oh. Cuanto lo siento. ¿Escribió los versos en su honor?
-          No creo. Habla de la Natividad: "Noche silenciosa y santa. Todos duermen. Sólo velan los santos padres. Gracioso niño de cabellera rizada, duerme en la paz celestial." Es la primera estrofa. Poesía pura, y hermosa.
-          No lo sé Franz. Ustedes se reúnen a hacer música. Pero esto… Él cumple años el 11 de diciembre. ¿No será para celebrarlo?
-          Mujer de poca fe…
-          Ojalá me equivoque. -




Joseph Mohr fue un vicario del Pueblo de Oberndorf, 20 kilómetros al norte de Salzburg, la tierra de su padre –al que nunca conoció- y donde tuvo la dicha de disfrutar de su abuelo. Nacido muy pobre, murió de igual modo, ya que todo su dinero lo gastó fundando –y supongo que manteniendo- una escuela para niños pobres. Se cuenta que era muy querido por los lugareños y, de algún modo, para la época había un cierto resentimiento y enemistad entre él y el párroco de la Iglesia local, de quien era, al momento de su llegada, asistente. Por entonces, los pueblos en Austria, dentro de cuyos hijos se encuentran algunos de los músicos clásicos más famosos de la historia, tenían por costumbre crear una pequeña “canción de Navidad” para el 25 de diciembre. Un villancico a ser cantado en la Iglesia, en presencia de todos.
25 de diciembre no es realmente la fecha de nacimiento de Jesús –por cierto- el de Nazareth, ese bondadoso carpintero que dejó dos hermosas lecciones, enterradas por el poder, el temor  y la ambición de las autoridades eclesiásticas:
1º.    Somos hijos –directos- de un Dios, todos y cada uno. Alguien extremadamente sublime y supremo, que nos ama con todo su corazón. Y debiéramos sentirnos orgullosos.
2º.    Hay un poder más allá de nuestra comprensión, que puede –con solo quererlo- superar la Muerte.

Para mí la muerte como la concebimos no existe (no me cansaré de repetirlo): no tiene ningún sentido. Entender eso te libera de muchas formas, y luego, realizarte en la vida como que te resulta más fácil.

Por tanto, o crees en ella –y temerle es la mejor manera de creerle- o crees en ese Dios, del cual el bondadoso judío que curaba y alimentaba con solo desearlo, nos habló.

Por otro lado, los estudiosos coinciden en que la fecha real del nacimiento del “hijo del hombre”, es el 21 de Agosto. La fecha de la natividad según el catolicismo obedece a necesidades básicas. Los romanos llevaban algunos siglos celebrando las “Saturnalias”, famosas fiestas orgiásticas en honor al Sol invicto (la oscuridad comienza a vencerlo a mediados de noviembre -los días se hacen más cortos-, pero triunfa finalizando diciembre y retomando su imperio celestial, a partir del 25,–los días se hacen normales-). El desenfreno era tal en tales reuniones, que pocas terminaban sin al menos un hecho de sangre.
Las autoridades de la naciente religión, decidieron matar dos pájaros de un solo tiro: aprovechar la celebración, e inclinar a los seguidores a una vida más espiritual.
El éxito ha sido indiscutible.

Franz Xaver Gruber, su mejor amigo y maestro de escuela, disfrutaba de su compañía escribiendo la música para sus pequeñas creaciones –se reunían al parecer, una o dos veces a la semana- probablemente como una manera de elevar el espíritu, y superar los inconvenientes de la dura vida cotidiana.

Una profunda diferencia que habla mucho del abismo que tienen nuestras culturas: mientras nosotros celebramos con mucha comida y borracheras, los pueblos del norte de Europa celebraban componiendo poesía y creándole música –a veces clásica-. Aún hoy –infinidad de turistas lo disfruta- la gente no duerme, esperando el Concierto con el que  se recibe el año nuevo.

(Los holandeses se bañan en sus playas a punto de congelación, una tradición que pretende limpiarlos de las impurezas del año que se va.)

1818 fue muy importante para los fieles, porque al igual que el calor del sol, el aire que respiramos y el amor que algunas personas (algunos incluyen a sus mascotas) nos profesan sin que muchas veces sepamos por qué, la humanidad (cristiana en este caso –uso el título por necesidad, según se, Jesús nunca fue el Mesías, mucho menos el Cristo, sino un obsequio muchísimo más sublime y real, de ese Dios que solo vive por y para nosotros) recibió uno de los más hermosos regalos –y gratis- que le han dado en 2000 años.

La inspiración construyó los versos. A los versos se les puso música (fue el trabajo de Gruber), y en la noche de navidad (en América es el 24) la hermosa voz de su creador (el padre Mohr), inflamó los corazones de todo el Pueblo de Oberndorf, al entonar “Noche de Paz”.


Ignoremos las estadísticas, son abrumadoras.

Stille Nacht, como fue bautizada originalmente es, quizás, el villancico más traducido y cantado en toda la historia de los que creen en el Dios del carpintero –maestro, ebanista y constructor de barcos-, y en su ignorancia, lo perciben diferente al de los Judíos y al de los Musulmanes.

Para finalizar, recuerda que los mejores obsequios, son los que nacen del corazón.
Los que guardamos muy dentro de nosotros mismos. Porque son los que nos ayudan, en épocas obscuras, a superar las tormentas…

Intenta llenarte de buenos recuerdos. Ayudar a los demás –que en verdad lo necesite y de manera desinteresada- es uno que, además, te llena de orgullo.

Busca que los demás te quieran por tu calidad como Ser Humano, y no por lo abultado de tu cuenta en el banco, la facilidad con que pueden aprovecharse de ti, la dureza de tu carácter, o tu éxito en los negocios.

A la final, cuando la muerte bese tus labios, y “vuelvas al lugar de donde viniste”, los recuerdos son lo único que podrás llevarte.



Feliz Navidad.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Halloween II

También dicen, por lo bajo, que de vez en cuanto se le ve, desde lejos, parada, mirando fijamente el agua caer sobre las flores.

En Venezuela son comunes los cuentos de misterio. Están en las charlas entre amigos, personas que esperan en una cola, y/o quienes comparten algo de licor en un noche cualquiera (varados en Puerto La Cruz esperando el Ferry, o tomándose unos tragos de miche bajo el terrible frío de los Andes).
Haciéndole honor a esos cuentos quise escribir una historia de terror (El Perdido Terruño de Dios), sin embargo, las personas acá no están acostumbradas a ver una creación literaria como lo que es (o intenta ser): una buena historia a ser disfrutada en tiempos de ocio.
Por ello supongo (trampa usual cuando se es muy inteligente) es que comienzan a hacer cábalas, y a unir cabos que solo existen en su mente (forzar la conclusión que más se apegue a la respuesta que ya creen que tienen, el FBI lo llama paranoia social, a veces colectiva), buscando darle a la obra un sentido que, al crearla, no se antojó por ningún lado.

En Norteamérica Stephen King se hizo famoso al culminar sus estudios de literatura, con una tesis de grado a la que llamó “Carrie”. La historia versa sobre una adolescente cuya madre controlaba al 100% su vida y (o al menos lo intentaba) hasta sus pensamientos. En la fiesta de graduación, la burla de sus compañeros de clase colmó el vaso, y la niña descubrió que tenía poderes telequinéticos, con los que -por supuesto- tomó una terrible venganza (luego de aniquilar a todos los que se burlaron de ella, asesinó a su madre aplastándole el corazón con la mente –al menos en la versión de autor-).

Pero estamos en Venezuela, el país donde aún parece haber una competencia nacional, que gira en torno a “quién es el más vivo”, y por tanto, todos queremos estar un paso adelante. Así, “El Perdido Terruño de Dios” ha sido catalogado por algunos como una obra maldita, escrita por alguien que intenta fomentar el culto al demonio, cuando no, de un contenido erótico tal, que raya en lo enfermizo.
Triste.
Un buen libro debe ser como una película: nadie busca cuestionar los entretelones de su creación, pagas la entrada del cine, la disfrutas y te vas. O un buen CD: te pones los audífonos y te olvidas del entorno y de las preocupaciones.
Aunque en el fondo quizás señale una pequeña verdad: “El Perdido Terruño de Dios” produce mucho miedo, y eso es una pequeña victoria personal: mi primer cuento de terror, recuerdo, causó risas.

Lo que voy a contar nace de una anécdota (por curioso tengo muchas) y sucedió con una muchacha de CASALTA, zona de clase media-baja de la Gran Caracas, ya hace algunos años.

Ella era hija única –aunque no sé si eso tuvo algo que ver- y desarrolló una forma propia de socializar: no socializar, excepto con los que consideraba de su mismo nivel o categoría.
Por tanto, tenía muy mal carácter, y respondía mal (golpeado, casi grosero) a cualquiera. Vivía con sus padres en un pequeño departamento en Planta Baja, de los que hizo el régimen de Pérez Jiménez (el único corrupto en la historia del país –que se sepa- que pagó cárcel por su desfalco al erario de la Nación) con un pequeño jardín en la entrada.

Era joven, hasta bonita, algo gruesa.

Quizás su mundo también era muy pequeño, y la falta de experiencia le impidió visualizar que en la vida cotidiana nunca sabes con que encontrarte. Y es que, los problemas pueden estar a la vuelta de la esquina, peor en una zona media-baja; no digo por maldad, sino por el hecho de que todos tenemos problemas, y en esas zonas por lo general no tienes como vadearlos; nadie tiene para prestar, hay muchos depredadores, y mucha gente haciendo cosas malas porque tienen a un familiar o a un amigo  con poder –en lo legal o en lo criminal- y se aprovechan. A veces hasta sin que el familiar o el amigo se entere.

En consecuencia -por eso de que todos intentamos sobrevivir- la mayoría opta por reunirse un grupo de amigos en quien confiar (los alcohólicos del fin de semana, los religiosos, los estudiantes, los drogadictos…)

Pero la peculiaridad de los problemas es que nos persiguen, sin importar nuestra belleza física (o nuestra fealdad), sin importar nuestras inclinaciones políticas, el monto que tengamos en nuestras cuentas bancarias, o nuestra edad.

Es como si el Buen Dios hubiera dicho: ¿a ver si eres tan bueno como crees?

Ya sabes, si del cielo te caen limones (y para algunos es lo único que les cae): ¡aprende a hacer limonada!
A los problemas no les importa nada.
Se enamoran (como algunas personas que creen que la manera de superarse, es montándose sobre ti) y te persiguen y te imploran continuamente, para que te metas en más problemas.
Además, ¿quién dice que no fue lo que pediste antes de nacer?
Para mí el Buen Dios es como Evita en la canción: Él, solo vive por ti, para ti…

Bien.

En Caracas hay un dicho que reza: pa malo, malo y medio. Y la peor torpeza es buscarle problemas a alguien, y no esperar respuesta.
Recuerdo que alguien me enseñó:
 “no te metas en intrigas, no juzgues,
no engañes,
porque entre cielo y tierra no hay nada oculto,
y tarde o temprano,
 todo se sabe”.

Pero ella -esas cosas, que se aprenden en la calle- no las sabía, así fue desde niña; por tanto, ya de adulta: del trabajo pa tu casa o a la universidad. Ni voltees.

Una mañana cuando –como todos los días- tomó el Metro, los problemas llegaron a ella.
Atestado como siempre, en cuanto desocuparon un asiento se arrojó, coincidiendo con otra muchacha que, al reclamarle, recibió su buena dosis de insultos e improperios. Gritos  vinieron y se fueron, y la gente sonrió, igual, no era con ellos.

Al llegar a la estación de destino, las personas salieron, ya sabes, todos juntos y apresurados, entre empujones y codazos (y alguno que otro carterista) atiborrando los pasillos  y las salidas del lugar.

En Japón, cuyo nivel de vida te aleja de las razones que pudieras tener para robar
 (los salarios son excelentes, la moneda sólida
y el país produce los artículos que el resto del mundo añora con pasión),
el Metro contrata empleados cuya única finalidad,
es empujar a los usuarios dentro para que las puertas cierren.
Nadie se queja.

Sin embargo, ese día, ella quedó allí. En su puesto ganado a gritos y maldiciones.
La muchacha de mal carácter.
Hija única.
Joven, hasta bonita, algo gruesa: inmóvil, sin vida.

Hasta hoy día nadie ha podido explicar qué sucedió, mucho menos cuando; porque la puñalada fue silenciosa, certera, única.

Y por la espalda.

El problema con las ofensas, es que el nivel de la misma,
así como la respuesta,
 la define el ofendido.

¿De qué mundo vendría la que se peleó el puesto?

He visto trabajadores de la playa intentar darse unos machetazos por un coco.

Y son más comunes de lo que se piensa,
los hechos de sangre entre amigos o compadres,
por el último poquito que queda en la botella de ron.

Las peleas familiares suelen ser
terribles y asfixiantes,
a veces trágicas,
y pueden desatarse por un simple gesto
mal interpretado..

A veces, me han dicho que, por las madrugadas, ¿sabes?,  justo cuando el sol raya la oscuridad, los vecinos la escuchan cantar, como lo hacía todos los días cuando regaba su pequeño jardín antes de irse al trabajo.

De hecho, ya la mayoría prefiere rodear el lugar, para no tener que cruzar frente a su departamento. 

viernes, 16 de octubre de 2015

Hiroshima y Nagasaki (2/2)


Existen muchos argumentos en pro o en contra del lanzamiento de las bombas nucleares.

Oppenheimer, el director del Proyecto Manhattan no fue finalmente visto como un héroe, sino relegado al olvido, poco a poco: hasta caer en la paranoia del director del FBI, y de muchos otros, que dudaban de su lealtad (cuando ocurrió Hiroshima y Nagasaki, ya los rusos tenían prototipos “extrañamente” parecidos, de hecho, no faltó mucho para que la supremacía norteamericana en cuanto a mayor capacidad bélica, se desvaneciera, fue allí donde nació una nueva paranoia, que fueran atacados en casa con sus propios inventos).

Oppenheimer dijo al tener éxito:  “I am become the destroyer of worlds” (“He llegado a ser [o me he convertido en] el destructor de mundos”), lo que siempre me ha inquietado de esa frase, no es lo terrible de su verdad, sino que NO era original del gran científico. Estaba recitando textos sánscritos antiguos, libros sagrados de la India.

El Mahabhárata o Mahābhārata, narra una GUERRA NUCLEAR de características mundiales (la guerra de Kurukshetra) sucedida hace unos 24 o 25 mil años. Allí, clanes hermanos resolvieron su disputa por el trono con una conflagración épica (tu me destruyes, yo te destruyo: el colmo de la estupidez).

Una una explosión perpendicular generando una enorme columna de humo -incandescente y de flama tan brillante como miles de soles juntos- envuelta en círculos concéntricos de ondas que se extendían como parasoles gigantes.

Según el texto, la guerra duró apenas 18 días, pereciendo la mayor parte de los involucrados (de un lado –los Pandavas- con 1,5 millones de soldados; del otro, los Kauravas, con casi 2,5 millones de hombres), solo quedaron 12 (ambos bandos en conjunto). Los grandes valores y las ideas nobles de la humanidad se desmoronan por completo, y la era entró de lleno en su cuarta edad, en donde la moralidad y virtud se disolvieron de manera completa.

La obra completa detalla no solo la guerra, sino las batallas individuales. Habla de naves voladoras, de armas laser, de cómo el mundo se va extinguiendo poco a poco, a medida que las bombas caen sobre antiguos reinos, que se han aliado a alguno de los clanes rivales.

Lo preocupante de todo ello, es que pruebas científicas actuales le dan la razón.
Las excavaciones arqueológicas de Harappa y Mohenjo-Daro, sacaron a la luz esqueletos esparcidos por toda la zona como si un evento súbito hubiera devastado las ciudades. La mayoría de ellos estaban cogidos de las manos, como si la tragedia hubiera sobrevenido mientras huían de algo terrible. Aún, después de siglos, se les encontró radiación (50 veces superior a la de Hiroshima y Nagasaki). Las murallas (Ganges y las montañas de Rajmahal: imperio Rama, la India actual) se encuentran fundidas y fusionadas estructuralmente (vitrificadas). Y una densa capa de ceniza radiactiva cubre 5000 kilómetros cuadrados en Rajasthan.
Todo comenzó investigando las altas tasas de cáncer de la población, devastada por un fuerte problema de mortalidad infantil. Al noreste de MUMBAI se encuentra un cráter radiactivo (cuya antigüedad data de entre 12mil y 50mil años) de poco más de dos kilómetros. No se han encontrado evidencias de meteoritos, ni de actividad volcánica.

Y yo me pregunto, que aprendí a hurgar en lo antiguo al ver como nuestra ignorancia de lo sucedido a nuestros ancestros, nos pone a una paso de repetir sus errores: ¿y si nosotros somos el futuro?
¿Y si el fin del mundo, tan cacareado por los profetas del desastre, ya sucedió?
¿Como sobrevivientes de una devastación total -decenas de siglos después- nos estamos arriesgando?, por considerar a nuestros antiguos historiadores la parte infantil de la historia de la humanidad (a sus grandes personajes les llaman dioses, montados en dragones de metal que despedían fuego o brillaban en los cielos).
Y si el Antiguo Testamento  -al igual que muchos otros a todo lo largo del mundo- tiene razón con eso de la inundación bíblica: una manera de limpiar de radicación el planeta entero (¿o no es con agua como intentaron hacerlo en Japón hace poco?)

Al fondo del camino hay una luz dijo, alguien.
¿La veremos todos algún día?
Comprenderemos que el futuro no está en quién asusta más, o en quién es más tecnológico y bélico, sino en entender que el 99% de nuestro ADN es exactamente igual, que compartimos una única casa (el planeta tierra), y todos sus servicios (aire, agua, alimentos).
Comprenderemos que nuestro futuro no está en amenazar y asustar a nuestros vecinos, sino en darles una oportunidad para mejorar su “calidad de vida”. ¿Que lo que viene, ya está cargado sobre nuestros hombros?

“…Venía a bordo de un vimana,
y sació su ira enviando un sólo y único rayo en contra de la ciudad.
Una enorme columna de fuego diez mil veces más luminosa que el sol se levantó,
y la ciudad quedó reducida a cenizas en el acto…”

En otros versos:
“Era un solo proyectil
cargado con toda la fuerza del Universo.
Una columna incandescente de humo y llamas
brillante como diez mil soles
se elevó en todo su esplendor…
(…)Era un arma desconocida,
un relámpago de hierro,
un gigantesco mensajero de muerte,
que redujo a cenizas
a toda la raza de los Vrishnis y los Andhakas.
(…)Los cadáveres quedaron tan quemados
que no se podían reconocer.
Se les cayeron el pelo y las uñas:
los cacharros se rompieron sin motivo,
y los pájaros se volvieron blancos.
Al cabo de pocas horas
todos los alimentos estaban infectados…
(…)Para escapar de ese fuego
los soldados se arrojaban a los ríos,
para lavarse ellos y su equipo…

El Mahabharata.

Tan poderoso que podía destruir la tierra en un momento:
un gran ruido que se elevaba en humo y llamas…
y sobre él está sentada la Muerte…


El Ramayana

domingo, 13 de septiembre de 2015

Hiroshima y Nagasaki (1/2)

La mañana del 06 de agosto de 1945, los cielos de Hiroshima –hermosos y transparentes-se vieron rasgados por un solo y único avión norteamericano, el “Enola gay”; tan inofensivo pareció, que las alarmas para alertar sobre bombardeos, cesaron al poco de sus primeros llamados de alerta. La gente lo miró y, confiando en sus autoridades –ignorantes como ellos del terror que se avecinaba- pensó que arrojaría panfletos y volvió a sus labores cotidianas.
La Alemania Nazi había caído, aunque no sin antes gestionar directa o indirectamente, el asesinato de no menos de 45 millones de Seres Humanos (de todas las edades, religiones, razas y convicciones políticas); hay quien cree que la cifra fue muy superior, incluso que pudo llegar a los 70 (millones).
Entonces ¿por qué Hiroshima y Nagasaki –que anotó de inmediato 246 mil víctimas, y otras tantas con los años- nos provoca pesadillas?
Porque nos dijo una gran verdad: el horror de la guerra lo vive la gente común, como tú, como yo:
Somos los presos en los campos de concentración, somos los soldados que asesinan y son asesinados. Somos los oficiales al mando, a veces estamos al principio de la cadena de autoridad, a veces estamos al final, todo depende de nuestra capacidad para no sentir remordimiento, para quitarle al contrario su esencia como Ser Humano, porque nos lo ordenaron, o porque por sus acciones, sabemos que no merecen tal título.
Peor aún, a veces somos obligados porque -como los animales- debemos asesinar para sobrevivir.
También somos las mujeres violadas y somos los violadores. Somos los niños que no entendemos qué es lo que está pasando, mucho menos el por qué. Somos las madres que lloramos a nuestros hijos, muertos en nuestros brazos porque los ahogamos sin querer, tratando de que no nos delaten con sus llantos.
Somos la gente común, repito, los hijos que lloramos a nuestras madres, porque a alguien se le ocurrió la grandiosa idea de abrir nuestro estomago en canal, y no sabemos cómo volver a colocar en su lugar nuestros intestinos, o pisamos una mina antipersonal, construida por alguien al otro lado del mundo –que necesita mantener a su familia- y saltamos en una pierna o caminamos con un solo brazo, gritando al médico para que nos ayude a buscar la parte que falta, y remiende las costuras, como si solo fuéramos muñecas de trapo y no personas.
Somos las víctimas, a pesar de que nos digan lo contrario.
A pesar de lograr la victoria.
A pesar de nuestras banderas.

Nosotros (la gente común) somos el Bien y el Mal en el mundo, y tanto nos aterra, que preferimos ignorar la realidad, cuando no, le echamos la culpa al imaginario colectivo, o a lo que más le tenemos miedo: al espejo que vive junto a nosotros.
Juzgar lo sucedido con la Bomba Atómica, después de todos estos años, es sumamente fácil, tanto, que solo pensarlo rasga en lo irresponsable. Claro, con lo que sabemos hoy: ¿qué no hubiéramos hecho por evitarlo?
Pero ¿en aquel entonces?

El dilema norteamericano


Según las víctimas, lo que todos querían era acabar con 5 años de la más espantosa guerra que conoce nuestra era.
(Particularmente pienso que –cualquiera- es espantosa por sí misma).
                Sin embargo los japoneses no se rendían. Estaban –todos y cada uno- dispuestos a dar la vida por su Rey y por su país, y lo digo literalmente.
A mediados de 1944, la invasión a Saipán lo demostró con creces. Al verse irremediablemente perdida, la “población civil” optó, ante la mirada atónita de los estadounidenses, por suicidarse.
(Hay registros fílmicos que lo demuestran, por si te interesa hurgar en la herida).
Familias enteras, incluyendo niños pequeños, se acercaban a los riscos de la costa, y se lanzaban al vacío.
Un año más tarde, en su avance hacia Japón, 70 mil Marines atacaron Iwo Jima (isla de azufre). 22.000 muchachos nipones y sus autoridades, la defendieron.
Ignorando lo atroz del mano a mano, el saldo habla por sí solo:
21.000 muertos japoneses.
19.000 muertos norteamericanos y cerca de 7 mil heridos.
Con estos resultados en la mesa: ¿qué le esperaba a Norteamérica en Japón, que contaba para la fecha con cerca de 70 millones de habitantes?
El sólo pensarlo da escalofríos.
¡No justifico nada!
Todos somos víctimas.
Los que vivieron el momento.
Los que heredaron el momento.
Los que nacimos después, y por intentar olvidarlo, probablemente lo repitamos…

Tal y como lo dice el Talmut “quien quiera que salve una vida, salva al mundo entero".
Yo solo me pregunto, en mi humilde ignorancia (que parece ser en lo único que todos coincidimos):
¿Cuántos mundos murieron por el afán de poder de unos pocos? ¿Cuántos por esos sueños de grandeza, en donde son reyes absolutos, y los demás Seres Humanos solo meras estadísticas, movidas y sacrificadas bajo el supuesto de que no hay otra forma de salir adelante?
¿Cuántos otros perdieron la vida por esa ignorancia nacida de sus propios miedos, por esa sed de venganza latente solo en sus corazones (ese afán de no perdonar nunca viejos agravios) o simplemente porque la lealtad o la obligación –o la supervivencia- les impidieron cambiar las cosas?
¿Cuántas personas comunes –como tú y como yo- murieron, por detenerlos y darle al futuro una esperanza?
Pero sobre todo, ¿cuántos estamos conscientes de todo eso?

¿Algún día aprenderán nuestros líderes…
(Pequeños, medianos y grandes; que se consideran dirigentes y paladines, solo porque gritan más duro, se rodean de quienes son más ignorantes que ellos(as), o tienen facilidad para engañar a muchos)
…que si lo que queremos es parecernos a ÉL, debemos comenzar por entender SU naturaleza?
Para los Judíos es tan sublime que no puede ser nombrado, para los musulmanes es la máxima expresión de misericordia, para los cristianos, la luz que nos ilumina.
Al menos es la parte que me gusta, creer en un dios que aboga por la guerra no tiene para mí ningún sentido, es como si ÉL, en verdad solo fuera un gran niño malcriado, que disfruta creando a sus criaturas (incluyendo infinitos mundos, estrellas e inclusive, universos) con el único fin de ver como se destrozan las unas a las otras.
Esa visión que tienen algunos seres humanos que -supongo-  consideran la muerte como el final y no solo una puerta, para devolvernos al lugar de dónde venimos, me aterra, y le quita a la vida todo su esplendor.
A veces pienso, cuando veo las atrocidades cotidianas, en si algún día esos atributos (no robarás, no matarás, no cometerás perjurio, etc.) dejarán de ser solo argumentos para engañar a los rebaños(tanto como a sus líderes).
Otras veces me pregunto, si en algún momento en los tiempos futuros, los pondremos en práctica (incluyendo la misericordia).
Y si nuestros enemigos -reales o imaginarios- nos permitirán hacerlo.

Por ahora, a la Humanidad parece que lo que la mueve es el miedo, tanto, que siente más dolor por su mascota, que por su prójimo.


“…cuando amaneció en aquellos
lugares perdidos,
el sol me encontró abrazando mis rodillas,
estaba yo al borde de un acantilado,
escondido en una grieta,
llorando,
en silencio:

recordaba los traumas de la vida,
recordaba los traumas por venir.”
Daniels

 (“El No-Mundo”)

viernes, 14 de agosto de 2015


En Su nombre:

Capítulo V, El último caso
  

El padre siempre estaba ocupado, sumamente ocupado. Cuando no preparaba las misas, entonces lo encontraba enfrascado en algún caso sobre “Refugiados”, para la división local de ACNUR; en algo del Departamento de “Movilidad Humana”, adscrito a la Conferencia Episcopal, o en cualquier otro asunto que requiriera de sus servicios, altruistas por demás. Y todo ello, abriendo espacio para sus funciones en el Colegio del cual era subdirector, y para la alta jerarquía eclesiástica, de cuyo exclusivo círculo formaba parte.
¿Su único interés?
¿Lo que lo movía y le indujo al sacerdocio?
Su deseo de ayudar a los demás, en eso, el pastor era único.

En medio de todo, aunábamos esfuerzos en la lucha por la implementación de la LOPNA[1].
La Iglesia estaba en conocimiento de muchos hechos que se sucedían en los niveles más pobres  de la población: niños que nacían y no eran identificados hasta ya llegados a la adolescencia (inclusive a la adultez), prestándose en muchos casos a desapariciones, al secuestro o la entrega al “mercado negro” para ingresarlos a la prostitución, la mendicidad, o la venta a parejas desesperadas que, por medios legales, no conseguían una adopción.
Fueron tiempos duros, hasta se formó un equipo de alto nivel, equipo que fue apenas recibido por la Presidencia de entonces durante poco menos de una hora, y en posteriores intentos fue peor aún, obteniendo menos promesas (de estudios y más estudios) que la vez anterior.  Al llegar la Revolución lo primero que los esposos Chávez hicieron, fue tomar el proyecto como uno de sus objetivos fundamentales.

También se creó un equipo para una nueva cruzada: los estatutos para la “Protección a la Mujer”, ya convertida en Ley bastante avanzada la Revolución. Días antes de tomar la decisión en la Asamblea Nacional, el Poeta envió un fax al Ministro, en donde le exponía un caso que estaba sucediendo en la Isla de Margarita.
Un extranjero venido del Sur recogía niños y adolescentes y, con su particular manera de leer y enseñar la biblia (en nombre de Dios por supuesto, porque según él, él era el  elegido) levantó fortuna. Conociendo el poder del condicionamiento y la manipulación de las mentes más jóvenes (sobre todo cuando carecen del apoyo de sus padres, o estos les son altamente indiferentes), aisló al grupo, prohibiéndole todo contacto con el resto de la población sin su aprobación, incluyendo noviazgos, amigos y nuevos integrantes. La bonanza en la isla se encontraba al tope; los visitantes extranjeros, compradores de chucherías y adornos baratos, llenaban las playas Neoespartanas. El autodenominado Pastor, que  enseñó a los niños a elaborar y luego vender artesanía, los envió en pequeños corros a las playas más famosas.
“Juntos, no se separen, no caigan en manos de la gente ignorante que les dirá cualquier cosa: el demonio utiliza múltiples trampas y mentiras, todo lo que les digan, consúltenlo conmigo, que yo les explico para que no caigan en las manos del engaño…”

El secreto mejor guardado de la Secta era el que más le convenía.
Y es que, el autodenominado “arcángel” para el momento en que la secta comenzó a dispersarse, escogía a una de las muchachas.
Como parte de la fachada -y ellos lo sabían- completaba su reclutamiento con varones y algunas madres.
Pero, esa, la que escogía, generalmente la más bonita, vivía “maritalmente” con él durante un año.

El control y la manipulación resultaron tan efectivos, que según una de las integrantes, graduada suma cum laude en dos profesiones: “es un pequeño pago por todo lo que nos ha dado…”



El Poeta susurró,
a orillas de la playa cuando llegó a este punto,
pensativo y triste:

-                     Creí haber encontrado… Los recuerdos dan náuseas ¿verdad?, a veces.
-                     ¿La perdonaste? –le pregunté. Extrañado, me miró unos segundos:
-                     Fue solo una esperanza, no había nada qué perdonar. Nunca tuvimos nada, por tanto, nunca hubo ofensa. Y si hubiéramos tenido algo, probablemente me hubiera dolido un poco más, pero habría continuado mi camino igualmente.
-                     Generalmente las ofensas son definidas y medidas por quien las recibe, ¿a eso te refieres?
-                     Si, por supuesto. Si alguien no respeta una relación - y reitero, nunca tuve nada con ninguna de ellas- o no es lo que esperabas:
Sencillamente continúa con tu vida. Fue lo que hice. -






1999.
Una otrora madre desesperada le dice al Poeta, le reclama, que él no es Dios para decir que a su niña no le queda mucho tiempo de vida. En su desesperación, el Poeta la lleva a hablar con el Sacerdote.
Mismo resultado.
Un año antes, la mujer lo ubica milagrosamente en una oficina en la que entra a trabajar como Asesor, y esa misma semana le habla del tiempo que tiene tratando de encontrarlo. Que le han dicho que él puede ayudarla. ¿El problema? Su hija, de cuatro años, nació con la columna vertebral bífida, abierta en dos. Un problema genético del cual los padres generalmente nunca tienen conocimiento antes del nacimiento.
Cuando el Poeta vio la foto que le mostró, sintió algo de repulsión…

¿Qué necesita?

Que un médico evalúe el caso en Roma –hay un hospital para niños junto al Vaticano, ¿lo sabe?, y es gratis-. Que consiga camas para la niña y para ella como acompañante. Que logre que le hagan la operación. En Roma las probabilidades de éxito son de noventa y cinco por ciento (95%), acá en el País, solo del cincuenta (50%), y sin la operación las expectativas de vida serían muy cortas.

Este fue el único caso en donde el Sacerdote asistió al Poeta, y no al contrario.
Once meses después, la madre y el Poeta discutían en una cafetería.
Después de haberlo conseguido todo, ella no quería enviar a la niña a Roma, y se escudaba en el supuesto miedo de la abuela si la trasladaban.

Si era por el boleto, él se lo pagaba.

-                     ¡No! Tú no eres nadie para decidir por mi niña. –

Asunto zanjado.

No fue que muriera justamente 30 días después.
Quizás tampoco descubrir que la madre lo que tenía era un novio (porque el padre de la bebe, al verla en la cuna del hospital, huyó el mismo día para nunca volver) y, con el capital que logró reunir durante cinco años (de pedir ayuda aquí y allá) tenía esperanzas de comenzar de nuevo.

A lo mejor fue el hecho de que, la madre, durante ese tiempo –los 30 días, me refiero- llamó a la oficina del Poeta todas las mañanas a las ocho en punto, solo para decirle (en tono de suave burla) que la niña seguía bien.

Tal vez solo fue que, durante la discusión, en la Cafetería, al Poeta se le nubló todo y escuchó como le susurraban: “dile que solo le quedan 30 días…”
Y se lo dijo.


Esa noche, del día en que finalmente murió, terminó llorando exactamente como lo hacía el Sacerdote cuando él lo conoció.
Y entendió.

El Poeta recuerda que cuando discutían, todos en el lugar pensaron que le estaba rogando para que volviera con él, pensaron que eran pareja (supongo que debido a que mucha de nuestra educación por entonces, estaba basada en las novelas baratas que, antes de la TV por cable, nos entretenían por las noches: “ignorancia” educándose a sí misma) y en base a ese error interpretativo, lo juzgaron, despreciándole abiertamente por creerlo tan débil.

-          ¿Qué sucedió después?
-          Enloquecí, creo. Solo recuerdo que me desconecté durante todo el fin de semana. Verás, desde niño supe que era diferente (un bicho raro que piensa al revés de todo el mundo); en la mente de mi madre, ser mucho más inteligente que el resto era un reto, una amenaza a su pequeño reinado absolutista familiar, en su concepción de vida, en su aislamiento para evitar que la verdad saliera de casa, con todo ese miedo por perder su pequeñísima parcela de poder en el mundo, su dominio comenzó a ser cada vez más astuto y hermético. Para protegerme, dividí mi personalidad en dos. Una era la pública, esa copiaba exactamente lo que mi madre inventaba de mí, y de hecho, lo fomentaba. Así la calmaba. Y a veces me dejaba tranquilo. La otra era la mía propia, esa personalidad que lo observaba todo y aprendía.
-          ¿Nadie conocía esa parte?
-          Alguna amiga que demostraba ser confiable. Ni familia ni amigos varones, tarde o temprano el rumor llegaba a ella, y entonces su control se hacía más asfixiante. Tener esa doble personalidad me ayudó mucho, porque dentro de su entorno yo era una cosa, fuera del mismo, otra. Cuando los enemigos se daban cuenta, porque yo reaccionaba cuando intentaban aprovecharse de mí, o avergonzarme, el miedo en sus rostros me sacaba una sonrisa leve. Y nunca más volvían a molestarme. Sin embargo, a medida que crecía, mi madre abarcaba más cada vez, todas las facetas de mi vida. Por tanto, las cosas importantes en mi vida, se las escondía. A veces pasaba horas, en una parada de autobús, solo para retrasar mi regreso a casa. Bien, esa doble personalidad fue la que me ayudó en los momentos de “desfase total”. Mientras una parte de mí se derrumbaba, la otra observaba, evaluaba, aprendía y daba consejos.
-          Te llamó como todos los días para decirte que había muerto.
-          A las ocho en punto. Sentí furia,  dolor, y salí de la oficina. Casi destrocé la pared junto a la entrada a puño limpio. Luego, por la noche, me tomé una botella de brandy, de un solo trago, y continué como si nada. El dolor me mataba, lo sentía en todo mi cuerpo, en toda mi alma. Parecía que iba a explotar. De adentro hacia fuera. Tuve que llamar a un amigo, a las once de la noche, y, llorando como un niño, contarle todo. Mis palabras salieron a borbotones. Después de escucharme me dijo que me calmara, que le repitiera. Solo entonces logré controlarme. Luego solo recuerdo un par de cosas. Cuando fui a lavar la ropa al siguiente día, donde siempre lo hacía, me acuclillé en la entrada y pasé dos horas haciendo el vaivén de los autistas, hacia delante, hacia atrás. Callado y sumiso. Luego fui al Centro y vagué, entrando en las mismas tiendas una y otra vez durante todo el día. Finalmente compré algo porque la vendedora me reclamó: entraba y miraba todo, una y otra vez, sin comprar nada. Después de eso todo comenzó a empeorar. Perdió sentido para mí. Me daba insomnio por las noches. Tomé pastillas para dormir. Andaba siempre alterado. Choqué un camión que no era mío, y repararlo se llevó casi todos mis ahorros. Mis empleadores comenzaron a execrarme, el Jefe de Ventas a buscarme problemas, pero cada día estaba yo más débil. No era solo espiritual, eran también físico. Cumplí la entrega de una orden a Puerto La Cruz justo el día en que se vencía el contrato, pedí la mitad de la comisión que pagaban por eso (4.000 dólares), calculé que con eso mis finanzas se corregirían. Pero la presión siguió. Hasta que un día, cuando decidieron mandar mi oficina al sótano, desarmé la computadora por completo y subí a entregar la llave. Luego –con los años- me enteré que gracias a mí, el dueño cubrió el tiempo en que prescribía la deuda que tenía con el SENIAT: le hice ganar una millonada sin saber. Luego pasé a trabajar en un hotel de 5 estrellas, con un cargo que nunca fue ratificado. Al año el Contralor renunció, y un mes después intentaron –con un nuevo jefe traído de México- realizar una transferencia fraudulenta a una cuenta inexistente en el exterior. Luego de resolverlo, el nuevo Jefe aprovechó un error contable de uno de sus protegidos, para acusarme. Fui despedido sin opción para defenderme. Era su palabra, y él era el gran gerente internacional. Decepcionado finalmente de todo, creyendo pronto mi fin, un año más tarde me vine a la isla.
-          ¿Creyendo pronto tu fin?
-          Vine buscando el lugar de mis sueños, un lugar triste y hermoso con arenas color marfil. Vine buscando un lugar donde morir… La vida no me daba ya incentivo alguno. El amor verdadero se convirtió en algo efímero, argumento para vender películas e historias de amor. La corrupción privada era igual o peor que la de la Cosa Pública, y la amistad era solo un recurso que utilizaban los que se graduaron copiándose las notas, para usas tus ideas y surgir con ellas.
-          ¿Qué recuerdas de tus primeros años acá en Nueva Esparta?
-          Aceptando lo que creí era mi destino, arrimaba una tumbona de playa a la arena, y dormía a la intemperie. Recuerdo una vez, como cuatro meses después de llegar. Eran las cuatro de la mañana, y la luna llena lo alumbraba todo con especial claridad. Hubo una lluvia de meteoritos. Se veían venir con su cola de humo. Y explotar. Explotaban al entrar a nuestra atmosfera: fue algo espectacular.
-          ¿Tragedias? Igual, parecidas.
-          Muchas. Había un pana al que conocíamos como “Patón”.  Era alto, ojos azules, buen talante. Mentiroso patológico. Hacia delicias las noches en la playa, para todo tenía un cuento. A veces nos reuníamos y él hablaba y hablaba hasta que llegaba la hora de las rumbas. Nosotros nos reíamos hasta el cansancio de sus ocurrencias. Era adicto a las drogas fuertes y, en temporada baja, robaba a la gente de la zona para cubrir su vicio. Finalmente tuvo que irse. Años después, una mujer madura se enamoró, lo sacó de esa vida, le mandó a poner los dientes (perdidos en incontables peleas) y él, en agradecimiento, controló su adicción durante unos meses, al cabo de los cuales ella tuvo que salir al exterior y, según dicen, volvió a lo suyo por unos días: la sobredosis le provocó un infarto. Recuerdo también a Williamtour. Le dieron un coctel de drogas fuertes, algunos dicen que en Italia, otros que fue gente que vive en la zona alta del sector, hubo otras víctimas y a todas les sucedió lo mismo: el cerebro parece que se les fundía. Iban y venían. Un momento estaban normales y al siguiente no sabían ni siquiera quiénes eran. Quedaban fuera de contexto, inválidos cerebrales. Como el Alzheimer, pero a intervalos y en gente joven.  En el fondo, creo yo por mi experiencia cuando murió la niña, sospechaban que algo sucedía, pero nunca fueron al médico. A Williamtour lo mataron en Porlamar, dicen que se fue de un restaurant sin pagar el consumo y, sin mediar palabra, el dependiente lo atrapó dos cuadras más abajo, y le abrió la cabeza con un tubo. Murió al cabo de un par de semanas. Ángel fue otro caso parecido, cuando la policía trató de atraparlo, corría desnudo por la playa, vociferando como un animal. Cinco uniformados tuvieron que intervenir para dominarlo. Casi se amputó una mano tratando de quitarse las esposas, que lo retenían a los barrotes de la Sede Policial. Meses después aún alucinaba, se me acercaba y, susurrando, me decía que tuviera cuidado, que alguien desde lo alto de las palmeras, nos observaba. Nunca volvió a ser el mismo. Vi mucha gente surgir por su propio esfuerzo, para luego caer en la bancarrota por tomar decisiones incorrectas, o ser traicionada por sus parejas. La “Perolito” era fea y delgada, siempre sucia. Recorría las noches de la playa, entregándose a cualquiera que le diera el importe para un gramo de marihuana. Terminaba su recorrido cuando despuntaba el sol. La vi bajarse de busetas solitarias, salir de taxis con todas las ventanas oscuras, merodear los servicios de seguridad hoteleros, visitar una y otra vez  -oculta entre las sombras y las luces apagadas- los restaurantes de la zona. También murió de un infarto. Ya para entonces vivía con un alcohólico que, según, se vino a la playa luego de cumplir condena por asesinar al hombre que violó a su hermana. La pasaban dándose golpes.
-          ¿Y de tu experiencia con el Sacerdote?
-          A veces, por las madrugadas, con una botella de vodka o de ron, observaba la playa, que siempre es diferente, y recordaba las tragedias de otros. Recordaba los indocumentados en nuestra tierra, y a los pobres que compraban lo necesario para comer solo dos días, y durante el resto de la semana, revisaban la basura de otros para suplirse; a las mujeres llevadas con engaños a otros países y luego obligadas a prostituirse. Y a la recién graduada, vegetando por amor; y a la niña adoptada, feliz, sin saber nunca que la pelea para darle eso, fue ardua y continua; me acordaba de familias enteras ocultas en algún desconocido lugar de la frontera colombo-venezolana, porque eran objetivos tácticos de la Guerrilla, de los Paramilitares o del Narco. En algunos casos nos llegaba la información, pero no podíamos hacer nada. También recordaba al africano, perseguido durante el resto de su vida, por todo el terror que vivió en aquella iglesia, por todo lo que vivió después hasta llegar aquí. Y me pregunté, muchas veces, cuantas otras cruzadas no había tomado el sacerdote en mi ausencia. Cuando sucedía, me daban ganas de volver, pero mi mente no estaba del todo bien. Mi cuerpo continuaba enfermo, correr 150 metros me obligaba a detenerme a descansar 4 o 5 veces. Y el futuro. El futuro para mí no tenía mucho sentido.
-          La recuperación fue lenta…
-          Cinco, seis años quizás. Tomé una trabajo de “toldero”. Por el esfuerzo físico, y de Barman, por el contacto con la gente. Gente que no sabía absolutamente nada de mi.-





Nota del autor:
Cuando el Poeta vio la foto de la niña sintió algo de repulsión.
Pero cuando murió un año más tarde, era su princesita. Y salvarle la vida, la mayor de sus prioridades.
En ello habían aunado sus esfuerzos un médico en Roma, un Sacerdote al que, probablemente, nadie nunca le dé un reconocimiento por su labor, y un Poeta que ayudaba, porque creía que de otra el Mundo no tenía ningún mérito para ser vivido.

Seis meses después de lo sucedido, abandonó el asesoramiento al descubrir que los Ingenieros para los que trabajaba (uno de sus tres únicos clientes), sobornaban a algunas autoridades gubernamentales, con el fin de ganar licitaciones en grandes contratos con las empresas del Estado: su falta de solvencia en el pago de los impuestos nacionales, no era por desconocimiento de la ley o desorganización interna, sino una argucia bien planificada, para tener Capital de Trabajo.

Durante algunos meses trabajó en un hotel caraqueño cinco estrellas. El Contralor general, después de demostrar a los corporativos que su gestión fue sólida y honesta –el personal que él mismo contrató y entrenó durante años, se empeñó en lo contrario y puso la denuncia en Casa Matriz- renunció. Semanas después, bajo la gestión de un nuevo Contralor venido de México, el Poeta impidió una transferencia que se trató de realizar en su ausencia por una suma multimillonaria. El Contralor pidió que fuera investigado todo el personal financiero. Solo cuando la policía descubrió que el Poeta fue quien evitó el hurto, dejó de molestarlo. Al gerente del Banco y a la Subgerente los despidieron en el acto. Un mes más tarde, el Poeta fue, misteriosamente, acusado de realizar mal un asiento contable por el que se le cobró –por tercera vez- un consumo al embajador de los Estados Unidos, un consumo que no le correspondía.
(La única prueba era la fotocopia de un documento de registro contable, donde realizaron el asiento –sin firma de quien lo hizo- con las iniciales del Poeta).
Y fue despedido.





Junio de 2001:

El llega a Playa El Agua. Trae un bolso de excursionista. Ha abandonado todo. Su habitación en una Pensión la ha retenido por si las cosas mejoran. Porque no tiene a donde llevar sus pertenencias. Y la ha retenido con la promesa de que, cuando mejore, si mejora, enviará el pago oportunamente. Pero al cabo de algunos  meses, la anciana que regenta la pensión llama a su familia, el origen de todo su desprecio por la vida, y lo desaloja sin consultarle.



A mediados de año un hombre llega a Playa El Agua,
a decir de los locales: “otro loco más”.
Es solo parte del montón,
parte de los vagabundos,
 mendigos,
 jíbaros y cuanta fauna extraña  
que, por alguna u otra causa, ha sido desechada o
perseguida en sus lugares de origen,
 y huyen.

El Poeta,
el profesional,
que sueña con ser un gran escritor,
con cambiar el mundo,
no ha venido a recuperarse,
sino a morir,
pero eso solo él lo sabe,
y mientras espera:

se hace invisible.


-         La gente creyó que yo era un Indigente… Y yo nunca les corregí. -

  



Cuando estaba por cumplir cinco años, recuerdo, tuve un sueño.
Con la experiencia de la vida
Y poco a poco,
terminé opinando lo que, supongo,
lo que todos los Seres Humanos pensamos alguna vez:
que la vida es un desperdicio,
y nuestro cuerpo una cárcel de donde añoramos escapar en algún momento.

Trabajar con el Sacerdote cambió esa percepción,
me enseñó que otros escogieron peores puertas.

 Con el tiempo, después de cambiarlo todo en mí, de corregir mi actitud ante la vida
y  aplicar los preceptos que aprendí en la universidad,
comenzaron a mejorar las cosas;
después de estudiar diversas filosofías y
 de meterme de lleno en la vida de la gente de la playa,
esa que para otros resulta solo una fauna de seres desadaptados,
desechados por una sociedad para la que generalmente no existen,
o despreciados como problemas de los cuales
ni siquiera debemos ocuparnos,
esa “gente común”
que vive el día a día;
concluí que quizás, la Vida, como tal,
 no tiene nada que ver con castigos divinos
y sí mucho,
con nuestra falta de valor para vivirla.

El poeta
















Basado en hechos reales.

Por razones que el autor desconoce –excepto que los votos del sacerdote lo exijan- nunca ha logrado autorización para dar a conocer los hechos en la manera en cómo le fueron presentados: un diario.
Mucho menos identificar al Prelado, sus cargos u Oficina para la época en que sucedieron.

En virtud del respeto que se merece este encomiable servidor, cuyos actos los hizo “en nombre de Jesús de Nazareth”, el autor ruega a todos aquellos que de algún modo llegaron a conocer sus labores, mantener el secreto.

En cuanto al dueño del diario, fiel compañero de una persona que nunca creyó que pudiera existir, el haber compartido esta realidad ha sido, para él, su mejor premio.

Borges sugirió una vez que uno debe estar pendiente, y continuar a pesar de todo, porque en cualquier rincón y en cualquier forma, Él te puede estar esperando con un obsequio en Sus manos. 



[1] Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, vigente como Ley Nacional a partir de su promulgación en Gaceta Extraordinaria # 5.859, de fecha  10/12/2007.