domingo, 13 de diciembre de 2015

A partir de los 10 años, cuando murió, la que por amor me dio mi primer beso –ella tenía 11-, la muerte se hizo costumbre en mi entorno. Hasta llegó un momento en que pensé, que todas las personas que en verdad me querían, terminaban muriendo. Cierto o no, me daba terror enamorar a cualquier chica o buscar amistades verdaderas. A los 16 decidí suicidarme. No lo hice por supuesto, pero desde entonces superar la navidad me resultó cada vez más difícil. Recuerdo que regalaba mucho en esta época, aún si me quedaba sin un bolívar; pero es que –a pesar de todos los chismes que se creaban en torno- me sentía tan vacío, que dar obsequios era la única manera de alcanzar un equilibrio que me permitiera llegar a enero. Lo que para la mayoría era un intento por obtener favores, no siempre éticos, para mí era solo una desesperada manera de sobrevivir.
Mi experiencia con el Pastor (cuya oficina representaba por entonces al Departamento de Movilidad Humana de la Iglesia y localmente a ACNUR – Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados-, y su ayuda desinteresada), así como los años en Playa El Agua, conviviendo con lo que para muchos era escoria social –navegaos de todas partes del País: prostitutas, drogadictos, resentidos, abandonados, e inclusive gente que huía de algo o de alguien-, me permitieron finalmente superarlo.







La Canción


-          Dice que es hermosa. Pero la quiere cantar él mismo, y la música la quiere escrita para guitarra.
-          ¿Para guitarra?
-          Sí.
-          Un sacerdote cantando... Y con guitarra. ¿Está loco?
-          No hables así. Que te lleva el diablo.
-          Avemaríapurísima.. Cállate, que me asustas.
-          Además, está muy emocionado; ¿quién le quita la idea? Será el mejor villancico desde que nació nuestro Señor, dice.
-          Pero está loco. En ninguna parte el sacerdote canta, y menos con guitarra.-

Las jóvenes vieron salir al sacerdote a la puerta de la Iglesia, fue como si les hubiese escuchado. Y salieron corriendo.
Se acercaba la navidad de 1818, y el pequeño pueblo de Oberndorf, en Salzburgo, Austria, padecía de los mismos problemas que el resto de Europa, que intentaban recuperarse de las cruentas guerras de algunos años atrás.

-          ¿El padre Mohr quiere cantarla él mismo?
-          Escribió los versos. Dice que es su derecho. Gruber le va a acompañar con la guitarra.
-          ¿El maestro de la escuela?
-          Le pidió que escribiera la música. Todo el pueblo está a la expectativa.
-          Sí. Lo supongo. ¿Cómo se llama?
-          ¿La canción? Stille Nacht. – El farmaceuta, experto en medicina natural y cura con hierbas, arrugó el ceño. El otro continuó: Están remozando la Iglesia de San Nicolás. Bueno, solo un poco. En el interior. No hay recursos para más.
-          Eres la autoridad. ¿Vas a permitirlo?
-          Solo soy el Alcalde. Todos necesitan una esperanza. Hemos perdido mucho. Quizás tenga razón. O la Divina Providencia lo inspiró.
-          La Divina Providencia. – Susurró el otro, cuya hija se había fugado con un soldado francés, y su hijo había muerto mientras traficaba contrabando más allá de las líneas enemigas.
-          Mi mujer le cocina, y aunque él no le permite que hable de la letra, dice que los versos son muy hermosos.
-          ¿Y qué otra cosa va a decir? La escribió él.
-          Sí. Bueno. En eso lleváis razón.
-          Ojalá no nos haga pasar un mal rato. Seremos el hazmerreír de toda la comarca y de los pueblos de más allá. – El Alcalde pareció entender su punto, y arrugó el ceño, pensativo.

Toda Europa estaba colmada de miseria, marginación y enfermedades. Era la época de la ruptura social, del fin del absolutismo como forma de Gobierno. Las monarquías se habían reinstalado luego del fin de las guerras napoleónicas y del, según algunas teorías, asesinato del carismático líder galo, Napoleón. Pero ahora nadie se creía eso de que los Reyes eran dioses. El pueblo francés lo dejó bien claro cuando guillotinó a sus monarcas, y a los pocos años, defendiendo su revolución y sus ideas, conquistó Europa.
En España moría el legendario enemigo de su majestad católica, Don Francisco de Miranda, uno de los masones mejor preparados y más peligrosos de todo el “Mundo Conocido”.  No sólo contaba con la amistad de las personalidades más importantes de la época, sino uno de los hombres más ricos de todo el imperio. Su biblioteca personal tenía poco más de 6 mil volúmenes, hablaba (y escribía) en no menos de 6 idiomas, y a pesar de su popularidad y sus honores militares (ganados al Servicio del Imperio Español y posteriormente en la Revolución Francesa, y celebrados tanto por las autoridades inglesas y rusas, como las norteamericanas)  para los espías del Rey, era prácticamente invisible.
 Y en Sur América, Los Libertadores (comandados al norte, desde lo que hoy se conoce como Panamá, por Don Simón Bolívar, otro príncipe de la nobleza española, y al sur, desde el Río de la Plata, por su –según las últimas investigaciones- segundo en una trama de espionaje, que terminó cercando las fuerzas imperiales del gobierno español, entre lo que hoy se conoce como Bolivia y Perú, el no menos impresionante General rioplatense, Don José de San Martín) luchaban primero, para que la orden de aniquilación total del Rey no se cumpliera, y segundo, para imponer los cambios sociales que los Masones pretendían para el Mundo: Libertad, Igualdad, derechos humanos universales…
La Historia había cambiado a partir de la Rebelión he independencia de las 13 Colonias (convertida luego en los Estados Unidos) y de la Revolución Francesa. Ahora los sueños por un mundo mejor (acabar con la esclavitud, convertir a los súbditos en ciudadanos con derechos y responsabilidades, por eliminar el poder de un solo hombre, su familia y sus acólitos) llenaban de sangre los hermosos paisajes del Nuevo Mundo.
Para la mayoría repito, eran luchas por mejorar la condición social del Ser Humano; para unos pocos, eran los intentos desenfrenados del Anticristo, por quitarles sus parcelas de poder, su desproporcionada riqueza sometiendo a las mayorías, y lo más inquietante: eliminar el brazo torturador y apocalíptico de la Santa Inquisición, que asesinaba de la peor manera posible, y arrebataba fortunas enteras, engañando, mintiendo y, de ser necesario, quemando vivas familias completas.
En ese panorama, la mayoría de los jóvenes emigraban para no volver, ilusionados, desesperados o esperanzados, por vivir los cambios, llenos de aventuras y nuevas realidades, tanto sociales como económicas. Eso fue probablemente lo que sucedió con el padre de Mohr, que abandonó a su madre aún sin dar a luz, y con varios hermanos, que le ganaron el desprecio de la sociedad (y de paso la multaron) y la miseria absoluta.



-          Entiende mujer. Su padre lo abandonó apenas nacer. Era soldado. Y desapareció una noche. Así no más.
-          Eso no le da razón, dicen que su padrino era el verdugo del pueblo, y como tenía prohibido entrar a la Iglesia, mandó a su cocinera para que lo bautizara en su nombre.
-          Sí, pero de otra la madre iría a la cárcel. ¿Cómo le van a pedir 9 florines, cuando no tenía ni para alimentarse?
-          Las autoridades lo que querían era darle una lección al resto. No estamos para tener hijos a diestra y siniestra. Si no los puedes mantener son una carga para la sociedad, se no mueren pronto, se hacen pillos, por decir lo menos.
-          Un buey costaba en esa época 12 florines. ¿Quién no comulga con Napoleón y la chusma francesa ante tamaña injusticia?
-          Igual.. Es un sacerdote. Está bien que haya escrito la canción, pero que la cante un cantante.
-          Tiene una excelente voz. Un maestro del coro de la catedral de Salzburgo le escuchó a los 7 años, y convenció a la madre para que lo dejara entrar en la cantoría.
-          Sí, ya sé. No vuelvas sobre lo mismo. Declarado huérfano porque los hijos de madre soltera eran inadmisibles. Le cambió la vida, perfecto, pero ¿eso le da derecho de cambiar a su antojo las tradiciones?
-          Toda una vida nueva y para ello, tenía que ignorar a su propia madre al verla en la calle.
-          Sí. Bueno. Debió haber sido muy duro.
-          Dicen que conoció a su abuelo.
-          Sí, también me lo has contado. En Mariapfarr, una aldea perdida en las montañas, bosques y prados, a cuatro días de Salzburgo.1000 metros de altitud y sólo se le puede llegar en verano. Allí se curó de sus males de pulmón…
-          Sí, pero un tiempo después tuvo que dejarlo. Fue así como llegó acá.
-          Debió quedarse. En las montañas. Y morir como todo un padre, sin molestar a nadie.
-          El anciano fue el que le enseñó de tradiciones, y de los pequeños placeres de la vida simple, en orden con Dios… Murió este año.
-          Oh. Cuanto lo siento. ¿Escribió los versos en su honor?
-          No creo. Habla de la Natividad: "Noche silenciosa y santa. Todos duermen. Sólo velan los santos padres. Gracioso niño de cabellera rizada, duerme en la paz celestial." Es la primera estrofa. Poesía pura, y hermosa.
-          No lo sé Franz. Ustedes se reúnen a hacer música. Pero esto… Él cumple años el 11 de diciembre. ¿No será para celebrarlo?
-          Mujer de poca fe…
-          Ojalá me equivoque. -




Joseph Mohr fue un vicario del Pueblo de Oberndorf, 20 kilómetros al norte de Salzburg, la tierra de su padre –al que nunca conoció- y donde tuvo la dicha de disfrutar de su abuelo. Nacido muy pobre, murió de igual modo, ya que todo su dinero lo gastó fundando –y supongo que manteniendo- una escuela para niños pobres. Se cuenta que era muy querido por los lugareños y, de algún modo, para la época había un cierto resentimiento y enemistad entre él y el párroco de la Iglesia local, de quien era, al momento de su llegada, asistente. Por entonces, los pueblos en Austria, dentro de cuyos hijos se encuentran algunos de los músicos clásicos más famosos de la historia, tenían por costumbre crear una pequeña “canción de Navidad” para el 25 de diciembre. Un villancico a ser cantado en la Iglesia, en presencia de todos.
25 de diciembre no es realmente la fecha de nacimiento de Jesús –por cierto- el de Nazareth, ese bondadoso carpintero que dejó dos hermosas lecciones, enterradas por el poder, el temor  y la ambición de las autoridades eclesiásticas:
1º.    Somos hijos –directos- de un Dios, todos y cada uno. Alguien extremadamente sublime y supremo, que nos ama con todo su corazón. Y debiéramos sentirnos orgullosos.
2º.    Hay un poder más allá de nuestra comprensión, que puede –con solo quererlo- superar la Muerte.

Para mí la muerte como la concebimos no existe (no me cansaré de repetirlo): no tiene ningún sentido. Entender eso te libera de muchas formas, y luego, realizarte en la vida como que te resulta más fácil.

Por tanto, o crees en ella –y temerle es la mejor manera de creerle- o crees en ese Dios, del cual el bondadoso judío que curaba y alimentaba con solo desearlo, nos habló.

Por otro lado, los estudiosos coinciden en que la fecha real del nacimiento del “hijo del hombre”, es el 21 de Agosto. La fecha de la natividad según el catolicismo obedece a necesidades básicas. Los romanos llevaban algunos siglos celebrando las “Saturnalias”, famosas fiestas orgiásticas en honor al Sol invicto (la oscuridad comienza a vencerlo a mediados de noviembre -los días se hacen más cortos-, pero triunfa finalizando diciembre y retomando su imperio celestial, a partir del 25,–los días se hacen normales-). El desenfreno era tal en tales reuniones, que pocas terminaban sin al menos un hecho de sangre.
Las autoridades de la naciente religión, decidieron matar dos pájaros de un solo tiro: aprovechar la celebración, e inclinar a los seguidores a una vida más espiritual.
El éxito ha sido indiscutible.

Franz Xaver Gruber, su mejor amigo y maestro de escuela, disfrutaba de su compañía escribiendo la música para sus pequeñas creaciones –se reunían al parecer, una o dos veces a la semana- probablemente como una manera de elevar el espíritu, y superar los inconvenientes de la dura vida cotidiana.

Una profunda diferencia que habla mucho del abismo que tienen nuestras culturas: mientras nosotros celebramos con mucha comida y borracheras, los pueblos del norte de Europa celebraban componiendo poesía y creándole música –a veces clásica-. Aún hoy –infinidad de turistas lo disfruta- la gente no duerme, esperando el Concierto con el que  se recibe el año nuevo.

(Los holandeses se bañan en sus playas a punto de congelación, una tradición que pretende limpiarlos de las impurezas del año que se va.)

1818 fue muy importante para los fieles, porque al igual que el calor del sol, el aire que respiramos y el amor que algunas personas (algunos incluyen a sus mascotas) nos profesan sin que muchas veces sepamos por qué, la humanidad (cristiana en este caso –uso el título por necesidad, según se, Jesús nunca fue el Mesías, mucho menos el Cristo, sino un obsequio muchísimo más sublime y real, de ese Dios que solo vive por y para nosotros) recibió uno de los más hermosos regalos –y gratis- que le han dado en 2000 años.

La inspiración construyó los versos. A los versos se les puso música (fue el trabajo de Gruber), y en la noche de navidad (en América es el 24) la hermosa voz de su creador (el padre Mohr), inflamó los corazones de todo el Pueblo de Oberndorf, al entonar “Noche de Paz”.


Ignoremos las estadísticas, son abrumadoras.

Stille Nacht, como fue bautizada originalmente es, quizás, el villancico más traducido y cantado en toda la historia de los que creen en el Dios del carpintero –maestro, ebanista y constructor de barcos-, y en su ignorancia, lo perciben diferente al de los Judíos y al de los Musulmanes.

Para finalizar, recuerda que los mejores obsequios, son los que nacen del corazón.
Los que guardamos muy dentro de nosotros mismos. Porque son los que nos ayudan, en épocas obscuras, a superar las tormentas…

Intenta llenarte de buenos recuerdos. Ayudar a los demás –que en verdad lo necesite y de manera desinteresada- es uno que, además, te llena de orgullo.

Busca que los demás te quieran por tu calidad como Ser Humano, y no por lo abultado de tu cuenta en el banco, la facilidad con que pueden aprovecharse de ti, la dureza de tu carácter, o tu éxito en los negocios.

A la final, cuando la muerte bese tus labios, y “vuelvas al lugar de donde viniste”, los recuerdos son lo único que podrás llevarte.



Feliz Navidad.

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