martes, 15 de noviembre de 2016

Llevo años intentando aprender a escribir. Cada vez que lo hago, reabro la conexión con mi mundo, el que han conocido mis íntimas (muchísimas menos de lo que gente supone) esas pocas mujeres que, algunas por amor –aunque sin permiso- se atrevieron, confiando en su instinto, y superando todas las tonterías de quienes decían saber más que ellas, afirmaron conocer, se atrevieron. Y digo íntimas no porque compartiéramos una cama –que no fue siempre el caso- no. Digo intimas porque su honestidad espiritual llegó al extremo de producir un aleteo en mi corazón. Un –no sé si me explico- sentirte vivo…
Si alguna vez hubiera escrito poesía pensando en alguien, de seguro hubiera sido en cada una de ellas, desde niño las recuerdo:


Si oyes un rumor

Anoche era época de Luna Llena,
de fechas de cuando salen
cosas extrañas,
quizás fue por eso que salí.

Tus ojos no me ayudan,
ni tu sonrisa,
ni los pliegues de tus labios
 que, inocentes,
se cuelgan a cada lado de mi
alma.

Me han dicho que,
cuando hablo,
lo hago para ti,
y que cuando sonrío,
sonrío solo para ti,
 y que hasta cuando pienso,
solo pienso en ti.

Y yo no sé,
pero quizás sí,

sospecho,

porque cuando pienso,
solo estás tú,
y cuando hablo,
en verdad lo que hago es recitar mis
poemas para ti,
y hasta cuando respiro,
 lo hago,
porque me parece que el aire
no es aire,
sino tu aroma.

Anoche era época de Luna llena,
de fechas de cuando salen
cosas extrañas,

fue por eso que salí:
tomé mi capa y mi sombrero,
y vagué,
vagué por parajes obscuros
y solitarios,
espantando a todos.
Así, dando tumbos sin querer,
llegue a tu ventana.

Tus ojos no me ayudan,
ni tu sonrisa,
ni los pliegues de tus labios,

y que conste que he tratado de olvidarte
pero,
si escuchas un rumor,
suave,
en el cristal de tu ventana
y hay Luna llena,
no temas,
soy yo,
que oculto en mi gabán,
en un pequeño cofre,
te traigo mi corazón.

Si oyes un rumor,
ya te dije,

no temas.




(La obra completa está disponible en Amazon)