viernes, 13 de marzo de 2015

La ética como forma de vida, ensayo

Parte II


Cuando he trabajado con dueños foráneos ha sucedido que, al cabo de algunas semanas (supongo que por eso de que toda escoba nueva barre bien) se acercan y me preguntan, sorprendidos: ¿en verdad eres venezolano?
Al principio me molestó. Catalogarnos a todos de bandidos me parecía –como mínimo- de muy mal gusto, pero luego recordaba las cosas que he visto –de las cuales solo algunas relaté en la PARTE I de este ensayo- y he decidido guardar mis quejas.
He vagabundeado gran parte del país y nunca me ha faltado un plato de comida, un aventón hasta el próximo terminal o al siguiente pueblo; un lugar para dormir (gratis y sin que me hayan robado nada).
Bandidos me he encontrado muchos, en los terminales de transporte terrestre, en los Ferris, hasta una vez supe de adolescentes que robaron chucherías de la única bodega del pueblo (un pequeño asentamiento indígena, aislado del resto del país por 70Kms de una vía sin asfaltar, llena de hermosas planicies y pequeñas islas selváticas) pero, como digo, siempre ha imperado esa idiosincrasia que desde niño he considerado muy nuestra, ese empuje natural que tenemos de “ayudar a los demás”, ese gesto de hermandad sin esperar nada a cambio, que muchas veces es aprovechado por otros para engañarnos.
Hay dos Venezuela, quizás.
Una vez, mientras atendía la barra en el restaurant de unos alemanes (las noches de música en vivo se llenaba el local con turistas extranjeros, y muy buenos artistas que, de manera espontánea se paraban a deleitarnos con sus canciones) nos robaron cuatro shoots de tequila etiquetados con una famosa marca importada -nunca más se perdió nada, ni antes ni después- y resultó que esa vez se encontraban turistas venezolanos por su cuenta y –cosa curiosa- eran cuatro.

No sé ni cómo ni cuándo, pero en algún momento de nuestra historia la viveza criolla se transformó y se definió para muchos como otra cosa: ser más inteligente, ser más vivo, es sinónimo [hoy día] de “ladrón”.

Hace un par de semanas me sucedió algo que bien podría ejemplificar lo que intento referir.
Y es que, queriendo llevar a Caracas (el riesgo de que se perdiera si lo enviaba por correo me parecía muy alto) un material de importancia personal, compré un boleto vía internet [Porlamar-Caracas con ida a primera hora y retorno por la tarde] en diciembre pasado. Sin embargo, por andar corriendo –siempre ando corriendo- (por falta de previsión, por no tener teléfono y en verdad, como nunca antes me había sucedido) no se me ocurrió imprimir la factura electrónica, sino que anoté el localizador y la fecha en una hoja.
Días antes fui a la oficina en Porlamar para chequear, pero aunque no había más de 40 personas en el interior, la numeración de los “tickets de espera” indicaba que antes de mí, se encontraban 150 usuarios, y por supuesto, abandoné la intención.
El día del vuelo, cuando abrí la nota a metros de la taquilla dudé (era 9 y yo escribí 19), y al presentarle a la chica del mostrador el papel y disculparme por lo que evidentemente era un error de mi parte, esta dejó de sonreír, tecleó algo en su monitor y me dijo: ¡Sr., aquí no aparece nada!
Llamó a la supervisora y le explicó la situación. La mujer dio un par de vueltas, atendió a un cliente (murmuraron algo) y de pronto me dijo que no había chance, que si quería fuera a Porlamar a chequear el localizador en la oficina de la aerolínea y, según lo que me dijeran, regresara para embarcarme cerca del mediodía.
Me acerqué a otro empleado para que me dijera para qué fecha tenía disponibilidad: ¡imposible -me dijo casi con una carcajada- no hay nada para los próximos tres meses!
Cuando regresé la mirada, descubrí de nuevo al cliente y a la supervisora murmurando entre ellos sin quitarme la vista.
Y entendí:

  • Taxi a Porlamar ida y vuelta Bs. 2.000 como mínimo.
  • El precio en negro por un boleto a Caracas está entre 4 y 5mil bolívares como mínimo.
  • Y era imposible que me hubiera equivocado realmente de fecha (de hecho, al llegar a casa chequeé y estaba todo bien), por mis responsabilidades sólo puedo volar en día libre, ni antes ni después.

Como digo a veces: la tormenta perfecta.
Todos se hablaban con la mirada, si quería irme tenía que hacer una oferta, y probablemente por encima de la que ya había hecho el otro cliente.
Continué evaluando.
No hay cámaras (por tanto no hay constancia de mi presencia en las taquillas), no hay listas de “confirmados” visibles, es lo que la persona que mira la pantalla diga, así, los usuarios no tenemos como reclamar: es su palabra (funcionarios de una empresa reconocida) contra la nuestra (clientes con una nota en un papel); nunca pidieron negociar –aunque era claro que lo esperaban-.

Prácticamente todos los vuelos nacionales e internacionales despegan con asientos vacíos (eso y los precios en negro son los chismes más conocidos entre quienes usamos el servicio).
Muy molesto por mi falta de previsión, conseguí que me dieran un aventón a Porlamar y mientras, me pregunté:
¿Es culpa del Gobierno?
¿Acaso debe ponernos a cada venezolano un policía a nuestro lado, para que cumplamos nuestra labor diaria bajo los preceptos éticos que, según la ley del trabajo, se espera de nosotros?
Y de ser posible: ¿quién cuida al policía?
No.
Luego de la crisis económica de los años 20 en los Estados Unidos, los creadores del Capitalismo comprendieron que la Ley de la Oferta y la Demanda necesita mantenerse en equilibrio, y el único ente con suficiente poder e interés para lograrlo, es el Gobierno (porque se supone que piensa en la Sociedad que lo eligió). De allí nació el término que se utiliza por unos y por otros para atacar, convencer o defenderse: NEOLIBERALISMO.

Particularmente –en verdad pienso diferente en casi todos los temas- me inclino a la filosofía oriental. Lao-Tse, Confucio, el Sufismo.
Para mí los dos sistemas imperantes en el mundo necesitan un equilibrio, de este modo, considero que CAPITAL que no tome en cuenta a las personas (Capitalismo salvaje como le llaman algunos, expresado por ejemplo en las ancianas botadas a la calle por la policía en Madrid, al no tener como pagar sus viviendas de toda la vida, o en los ciudadanos norteamericanos que se vieron obligados a vivir en plazas y parques cuando la crisis bancaria estalló hace algunos años) tarde o temprano cae en aprietos.
La historia no miente, y esa es la anécdota de la “Revolución Francesa”, aunque por entonces el poder económico era regentado por una única autoridad, la del Rey, que por cierto fue enjuiciado (y guillotinado) por pedirle a las reinados vecinos que atacaran y asesinaran al pueblo galo, a fin de poder recuperar su potestad como amo absoluto de la nación.
De igual modo, SOCIALISMO que no tome en cuenta el Capital (comunistas de la vieja guardia) tarde o temprano cae en crisis. Si no que lo digan los Chinos y los sobrevivientes del bloque soviético (la U.R.S.S.).

Entiendo que nuestro gobierno ha errado, y en mucho, sus políticas económicas, entiendo que hay una minoría (bastante importante) que lo adversa con pasión, una minoría que debe ser tomada en cuenta, pero yo no vi colores políticos esa mañana en el aeropuerto. Vi un grupo de funcionarios que, por viveza, estaban aprovechando una “tormenta perfecta” basados en lo que sabían.

  1. Cliente no tiene teléfono (Ni pudo traer la factura grabada ni puede llamar a nadie).
  2.  No hay cámaras.
  3. Nadie realizó oferta alguna de manera abierta, por lo que el Cliente, aunque lo sospeche, no puede probar que los boletos se están negociando en negro.
  4. La única manera de dar fe de la palabra de la chica detrás del mostrador, era saltando al otro lado y obligarla a pedir la información nuevamente (con lo que probablemente cliente pasa el día en la cárcel del aeropuerto)
  5. Y SOBRE TODO, ¡había otro cliente dispuesto a pagar lo que fuera para viajar en ese momento¡

Pude haber ido a la oficina en Porlamar, hacer la cola de los 100 o 200 usuarios, he intentar volar al mediodía. Pero preferí aceptar el riesgo de que el material se extraviara (ya me ha sucedido y ha sido imposible recuperarlo) o fuera dañado en el envío.
En internet hay un ensayo que explica con detalles (y parece que sucede en casi todos los países del Cono Sur americano) cómo muchos ciudadanos utilizan a las empresas como sus suplidores particulares. Se llevan a casa engrapadoras, papel, mercancía, y un largo etcétera, para luego echarle la culpa “al gobierno”.
¿Están nuestros países rezagados en verdad porque nuestros líderes son muy malos y nos damos cuenta del engaño cuando ya no podemos hacer nada?
O nuestra viveza –que es culpa nuestra- tiene en ello mucho que ver.

En otros países el trabajo de los latinos es muy aplaudido, pero seguro es que en esos otros lugares no se llevan a casa las cosas de sus particulares áreas de trabajo. Tampoco llegan tarde, ni están pendiente del trasero de la chica del escritorio de al lado, ni en busca del chisme más picoso.

Otro ejemplo:
La ley de la oferta y la demanda es Ley por algo:
Si compramos cosas robadas alentamos a que el mercado (de cosas robadas) crezca.
Y es que, si se vende algo robado y se vende bien, la demanda se hace mayor y –tal y como lo enseñan las Escuelas de Negocio a todo lo largo de los Estados Unidos- alguien tarde o temprano intentará satisfacerla (independientemente de si los medios para hacerlo sean o no legales) por tanto, ¿Quién es el culpable de que haya tantos robos en el país?
¿El Gobierno?
¿El ladrón? Que está cubriendo una demanda (y si no lo hace él, lo hará otro).
¿O el que compra cosas robadas?
¿Quién es culpable del bachaqueo?
Los miles que han dejado sus trabajos para aprovechar la oportunidad de comprar un paquete de pañales a Bs. 170 (luego de calarse una cola de 150 personas, el maltrato de los expendedores y del resto de los usuarios –incluyendo amenazas-, y la falta de alimento y bebida) para venderlo (en la esquina) a Bs. 1.500.
¿Quién si no los compradores?

¿Echarle la culpa al Gobierno
[recuerdo que cuando mandaban los Adecos o los Copeyanos se decía que la culpa era de ellos]
no será una mera excusa para ocultar
nuestra falta de madurez social?

La misma conclusión se puede aplicar a un sinfín de asuntos.
Pero volviendo al aeropuerto.
¿Son los funcionarios muy escasos de ética porque no tienen estudios de alto nivel?  ¿Porque en sus casas nunca les hablaron de los valores que todos los Seres Humanos debiéramos defender?
O son víctimas de la falta de ética que se observa en todas partes: cuando dejas algo mal puesto y desaparece como por arte de magia. O cuando te montas en una buseta manejada por particulares y el chofer te grita -como si fueras uno de sus hijos con escaso coeficiente- que te muevas para atrás para darle espacio a 100 personas cuando lo normal es que entren 45.
O cuando los dueños de la casa en donde vives alquilado, se dan cuenta de las compras que has hecho y te aumentan el canon de arrendamiento porque es su casa, y te dicen -a sabiendas de que en la zona no hay opciones- que si no te gusta te tienes que ir.

No creo que sea sencillo (no creo que sea posible, en verdad) descubrir qué vino primero, si la gallina o el huevo.
Lo que si se es que si no cambiamos nosotros, el País no va a cambiar nunca.
Si el venezolano no deja las mentiras cotidianas, las burlas; si no deja de engañar a sus parejas, a su familia, a sus compañeros de trabajo y a sus amigos; si no deja de robarse las cosas en el trabajo (a la empresa, a sus clientes, a sus colegas); si no deja de comprar artículos robados. Si no deja de crear grupos convenciéndoles de que la persona que le cae mal –a él o a ella- debe ser execrada y descartada.
Si no deja de regalar a escondidas los tragos de 300 bolívares a los clientes cotidianos (que se abrazan con los dueños, para burlarse de lo bien que lo están timando) para que estos les regalen de vuelta 50 bolívares de propina (¿?).
Si el venezolano refuta la violencia cotidiana cuando la TV lo entrevista (y aparece bien vestido y recién bañado) pero la usa para exigir cambios que no puede lograr por medios legales, y cuando nadie lo ve incendia el transporte público, o los camiones repletos de cerveza para robarse la mercancía.
O peor aún, asesina a un inocente, para echarle la culpa al contrario.
Si nuestros políticos actualmente en oposición, no optan por convencernos al resto de sus compatriotas de que son una mejor opción, sino que se empeñan en acudir a otros países para reunirse con sus autoridades (que no hacen nada por sus propios pueblos) y convencerlos de que nuestro gobierno debe ser eliminado cueste lo que cueste.

Si no tomamos conciencia de que somos la parte más importante de nuestro futuro como sociedad y como pueblo. Y que cualquier cambio que se  sustente fuera de los preceptos éticos sugeridos por los más altos pensadores de la historia (Jesús, Mahoma, Confucio, el Dalai Lama, y muchos, muchísimos otros) no tiene futuro.

¿Cómo pretendemos un País mejor?

Todos somos buenos y malos en alguna medida, y si algo me enseñó la Playa –sentencia triste, de un mundo que me niego a considerar en decadencia- es que probablemente para una gran mayoría, su verdad es la única verdadera (o explicándolo de otro modo: en el fondo, todos tenemos razón).
Tal vez allí es donde está el problema.

Quizás no es que algunos tengamos en la vida la mitad del vaso vacío, y otros la mitad del vaso lleno, quizá todo está “en cómo percibimos las cosas”, y en nuestra negativa de aceptar, que hay otras realidades tan igual de importantes como las nuestras.
Estamos como estamos porque la mayoría de nuestros ciudadanos juega la estrategia de GANAR-PERDER (yo gano tu pierdes).
Nada dará resultado si continuamos dejándonos llevar por el egoísmo innato de nuestra raza, ese egoísmo que domina a muchos –impulsado por el animal que llevamos dentro y la selección natural- y que los lleva a buscar el beneficio propio y el de los suyos, sin importar -para nada- a quien se llevan por el medio.

Para cambiar las cosas repito –en nuestro hogar, en nuestra comunidad, en nuestro País; inclusive, para cambiar el mundo- debemos comenzar siempre, por cambiar nosotros mismos, es solo a partir de allí que se puede lograr algo.
Y será imposible –repito- si no tomamos en cuenta los valores que enseñan todas las Religiones y Escuelas de negocios del mundo: la honestidad, el compromiso y el respeto, como mínimo.

Quizás sea hora de que comencemos a intentar, ser realmente Seres Humanos.



****************



Nota:
A pesar de lo contado, hay muchas cosas que nunca olvidaré de esos años.
En un lugar especial de mi corazón se encuentran las madrugadas de luna llena, el plancton que hace brillar las olas cuando explotan cerca de la orilla, los amaneceres y los ocasos. Las vistas un domingo por la tarde, de cuatro delfines saltando a todo lo largo de la playa, dejándonos a todos (estaba full de visitantes ese día) boquiabiertos. Los veleros a lo lejos, por el color del casco podías deducir de qué parte del mundo venían. Las mini tormentas que arrasaban con todo en minuto y medio, y los días de lluvia torrencial que recordaban viejas historias bíblicas, y te obligan a guardarte en casa durante varios días.

De la vida nocturna, de los turistas que se hicieron amigos y amigas (me hablaron de sus países, enseñaron y corrigieron mi inglés); de los que compartieron negocios y peligros (todos navegaos, algunos lograron sus metas y se fueron a vivir al exterior, otros superaron la etapa de fiestas y bochinche, y volvieron a sus hogares. Unos terceros terminaron perdidos y olvidados, o muertos por sobredosis, o accidentes, o se separaron del grupo dejándose deslumbrar por el espejismo de la riqueza fácil, y aún están presos por tráfico de estupefacientes ) nunca olvidaré la solidez de la amistad que nos unía, independientemente de sus lugares de origen, de sus vicios y de sus estatus.
Probablemente sea cierto el mote de Zona Roja que tenía la playa por las noches, pero nos cuidábamos los unos a los otros, con una aprecio y un apoyo, como nunca he conseguido en ninguna otra parte.

Del día llevo en mi alma la sonrisa de Katy, inteligente y hermosa, que creía que todo lo que había logrado no era por ser quien era, sino por su pastor, que la atrapó a la corta edad de 10 años y le enseñó la biblia. Pronto descubrí que al autonombrado prelado le gustaba tener sexo con su rebaño, jóvenes todas como ella, hermosas e inteligentes (¿?) porque según él: así lo quería Dios.
Nunca supe si Katy era parte del Harén, pero resultó evidente que su calidad como estudiante (universitaria titulada con las mejores notas) su belleza, apoyo y defensa a todo lo que sucedía a puertas cerradas, fueron parte fundamental del control que sobre la pequeña comunidad ejercía el pastor (¿?)[que en su megalomanía por cierto, no solo llegó a compararse con los evangelistas, sino con el mismísimo Arcángel Gabriel]: mi desilusión fue grande.
Ha sido una de las veces en que más me ha dolido saber la verdad de algo, pero tengo aversión natural hacia los “supuestos enviados de dios” que, por un lado, pretenden ser pastores y guiar a sus seguidores hacia objetivos más nobles, cuando no, darles un sentido de vida; y por el otro, les utilizan para hacerse ricos. En algunos casos puntuales han promovido el suicidio colectivo: ¿Cómo no creerse un dios si lo logras? Francia, Guyana, Texas sufrieron de estas tragedias. En otros, los autonombrados mesías han inspirado el asesinato de inocentes. El caso más emblemático creo que ha sido el de la pandilla de Charles Manson (Estados Unidos) fundador y líder de un culto al que llamaba LA FAMILIA; en 1969 sus seguidores masacraron –entre otros- a la esposa del director Román Polanski (Sharon Tate) y a algunos de sus amigos; todo ello, por razones no muy claras que van desde la diversión hasta la programación ideológica. Menos sanguinarios aunque por ello no menos manipuladores, son los representantes de  la iglesia conocida en algunos lugares como “PARE DE SUFRIR”. Expulsados de Brasil y de otros países, su fundador vive en un pent-house comprado con el diezmo de sus súbditos, en Nueva York.

A Tana la tengo en un rincón muy especial, pero por todo lo contrario: le desprecié un abrazo de año nuevo pensando que yo era poca cosa para ella, e intentando que –desilusionada- buscara algo mejor.
A pesar de los años, a veces, aún hoy cuando me descuido, mi mente me juega una mala pasada y proyecta un flash sin yo habérselo autorizado: el dolor en su mirada aún me duele.
[Me costó mucho aceptar y es que no podía creerlo, cuan enamorado estaba de ella y no lo sabía. Torpe de mí. Si había algo que perder, de seguro lo perdí esa noche.]

Los niños, como siempre, guardan un lugar privilegiado [junto al nicho en donde tengo los recuerdos de aquella bebé de 5 años, que por no poder superar su perdida tratando de salvarle la vida, colmé mi vaso personal de tragedias y terminé abandonándolo todo, para vagabundear por la playa].
Imposible olvidar a Victoria, que con sus 6 años, me obligó a retroceder a mi infancia para contarle chistes acordes a su edad, y sacarla de su soledad y vacío.
Braulio (que se escapaba al exterior de la tienda aterrado, mientras sus padres se gritaban en el interior) era tan sensible e inteligente, que a sus 3 lo enseñé cómo entrar a internet y jugar en la web de Disney Latino.
Sebastián, cuya forma de ser y cualidades me dan esperanzas sobre las nuevas generaciones.
Y finalmente Gaby, que a sus 11 resolvió un viejo acertijo con el que llevaba años evaluando mi entorno (después de ayudarme a limpiar los trastos en una barra le dije: ¿no quieres un puñito? Se concentró, pensó un poco con el ceño fruncido, y de pronto –algo con lo que ninguna adulta pudo dar- se iluminó toda con una sonrisa, y levantó su puño cerrado para chocarlo con el mío).

Capítulo especial lo constituyen mis clientes femeninas, la mayoría destacaba no solo por su belleza y su cultura, sino por sus altos niveles de sensibilidad e inteligencia.

Todas esas experiencias –entre muchísimas otras- contribuyeron a sanar y fortalecer de alguna manera mi espíritu.
(Lo físico lo curó el trabajo al aire libre: como toldero, barman o mesonero).

Nunca olvidaré tampoco, yo que nunca olvido, a todos aquellos que –sin saber quién era- confiaron en mí, o me prestaron ayuda (de alguna u otra manera) sin yo pedirlo.

Y mucho menos olvidaré a aquellos que –por aburrimiento, por sentirse poca cosa o por envidia- se empeñaron en hacerme daño sin yo saber siquiera, cómo les había ofendido.




Próximo post.: abril 13

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