viernes, 13 de mayo de 2016

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Aceptarías algo de ayuda ¿desinteresada?

Parte II: El ser Altruista

Ante todo pido disculpas por no asistir a nuestra cita del mes pasado: abril se me complicó un poco…

Resulta evidente que nuestra naturaleza mueve poderosamente nuestro hacer cotidiano. Aunque en lo particular prefiero el Horóscopo chino, por considerarlo más centrado y profundo, el occidental tampoco está muy lejos de la realidad (quizás lo que sucede es que por mucho tiempo y por mucha gente, ha sido utilizado de manera ligera y licenciosa: para embaucar más que todo). Pero volviendo a lo de la naturaleza. Conozco dos Escorpio que si no pican están mal. Y picar en este caso, significa traicionar la confianza con chismes o pequeñas venganzas que, la mayor de las veces, responden a agravios que solo se encuentran en sus mentes. Así, son una muestra fiel de la personalidad que, según el zodiaco, les corresponde.
El mal y el bien son también parte de nuestra naturaleza, aunque esto no significa que no tengamos potestad sobre ella; podemos cambiarla, moldearla según nuestro aprendizaje académico o según nuestra experiencia.
A los 16 tomé la decisión, fundamental en mi caso, de practicar la filosofía del kung fu como forma de vida. Inicialmente me sirvió para controlar mi sensibilidad, por entonces una muerte o una tragedia, vista por televisión o conocida simplemente de oídas, podía causar en mí una respuesta emocional, incluso a veces física. Lo cual era toda una tortura. Por otro lado, ser tan sensible me alertaba sobre posibles y eventuales peligros, lo cual me ayuda, cual alarma de incendios encendida las 24 horas. La filosofía de los maestros Shaolín –que fue la que adopté- me parecía profunda, aislada, y sobre todo, me enseñaba a defenderme haciéndole al contrario, el menor daño posible. Social y espiritualmente, era importante para mí, por las consecuencias.

Según GOOGLE “altruismo” es el nombre que se le da a la “tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio”.
Los chinos son criados en base a dos corrientes filosóficas bien marcadas y diferentes. Por un lado está Lao Tse, que sugería a sus alumnos practicar el desinterés por el prójimo: lo que le sucediera a los demás sería producto de sus errores, de su ignorancia o, en el peor de los casos, de su karma. Así que, ¿para qué preocuparse?
Por el otro lado está el enigmático Sr. Confucio, quien abogaba en cambio, por el altruismo como práctica de vida: ayudar a los demás incluso a costa de lo propio… No hay mayor muestra de bondad. Por supuesto, el ideario coloquial tanto en China como en el resto del mundo, abraza –a conciencia o no- al práctico Lao Tse.
A lo largo de mi vida mi personalidad ha cambiado muchas veces, sin embargo tengo naturaleza altruista, desde siempre. Tratar bien al prójimo, ser cortés, ayudar en lo posible a todo aquel que necesita ayuda…
Todo ello me ha traído muchos problemas de fondo; mal entendidos, y hasta enemigos. Por ejemplo, mis poemas por lo general son historias muy cortas y, como escribo en 1era persona (me sucedió a mí), al obsequiarlos desinteresadamente a todas las que conocía, resultó que “entendían” que de algún modo me les estaba declarando. ¡A todas!
El fiasco no lo entendí hasta mucho después de dejar de obsequiarles. Por supuesto, las poquísimas veces en las que los usé para enamorar, el portazo en la cara fue portentoso.

En mi tierra, como ya lo expliqué en la parte I (Enero 13), ser altruista significa ser un “tonto”, cuando no, alguien que se cree más listo que los demás (eres altruista para aprovecharte luego…). Si ha eso le agregas el hecho de que la idiosincrasia popular aconseja tirar el primer golpe: porsia.
Te puedes imaginar el desastre.
Luego. ¿Debemos despreciar el altruismo per-se?
No.
Estamos claros en que el común de las personas lo acepta como parte de la personalidad de Jesús de Nazareth, y por desgracia, a ÉL lo recuerdan no por su poder de resurrección (lo hizo dos veces, la 1era con Lázaro), sino por su trágica muerte. O lo que es lo mismo, lo veneran por su bondad, pero ni pendejos que fueran para imitarlo…
A Confucio ni le conocen. No mencionemos al gran Buda, nacido príncipe heredero de gran riqueza material, y muerto, por elección propia, pobre y harapiento. Nadie quiere ese tipo de iluminación.
(No sé si os interesa, pero resulta perturbador cuando te pones a pensar que los católicos veneran un instrumento de tortura: la cruz.)
El altruismo para mí ha resultado casi una necesidad, desde niño. Es parte de mi naturaleza. Fue una de las razones por las que ayudé al pastor en sus luchas (algunas) imposibles. Y metí la mano en la elaboración de algunas propuestas de orden social que finalmente cristalizaron en leyes como la LOPNA y la Protección de Género.
La experiencia me ayudó a superar muchas cosas, entender que la gente común hace daño por ignorancia, y también por miedo.
Aprendí que no ha todo el mundo puedes ayudar, porque por lo general quieren “otro” tipo de ayuda, diferente a la que estás dispuesta a dar. También aprendí que ayudar a costa de uno mismo o de los tuyos, es una falta de respeto, cuando no, una estupidez (a menos que tengas el poder de resucitarte a ti mismo, por supuesto), y es así, porque todos aceptarán tu ayuda desinteresada, más aún si obtienen un beneficio económico o de prestigio; pero cuando eres tú quien necesita ayuda… La historia cambia radicalmente.
Así llegamos a un punto que me perturba profundamente: hoy día, la gran mayoría de los seres humanos prefiere ayudar a una mascota, que a otro Ser humano.

Luego, si eres como yo, o has cambiado y estás pensando en ejercer el altruismo sin esperar nada a cambio, las recompensas igual vendrán hacia ti. (A mí por ejemplo, me quita el insomnio).
Según los médicos, el altruismo beneficia tu salud mental –física y espiritualmente-, reduce el stress, mejora el estado de ánimo, la autoestima y la felicidad:

  •   Promueve cambios fisiológicos positivos.

  • Aporta un sentido de integración y reduce el aislamiento.

  • Ayuda a tomar perspectiva (te permite comparar tu realidad con la de otros).

  •  Mejora la confianza, el autocontrol y el optimismo.

  • Disminuye nuestras emociones negativas, como la ira, la agresividad y la hostilidad que, como el odio, termina haciéndote más daño que el que puedas lograr sobre el objeto de tal sentimiento. (De hecho, el odio puede ser tan fuerte, obsesivo y sólido, como el amor.)

  • Y quizás lo más importante: incrementa tu longevidad (la vejez tarda un poco más en llegarte). Lo demostró, hace años, una prueba de Naciones Unidas a su personal de apoyo (Médicos sin Fronteras).

Un viejo adagio reza que el mal se devuelve tarde o temprano. Por experiencia se que las buenas acciones se comportan del mismo modo. Por otro lado, las evidencias clínicas apuntan a que los beneficios del altruismo duran mucho tiempo.
Sin embargo debes tener cuidado. Pararte en una calle solitaria a ayudar a alguien tirado en medio, no es recomendable. Sus compinches te pueden  estar esperando ocultos en algún rincón. Lo mejor sería continuar y darle el parte a las autoridades.
Además, si decides practicar el altruismo, recuerda que en algunos lugares, sobre todo donde la ignorancia académica impera, serás mal visto, usarán esa cualidad tuya para aprovecharse, o peor aún, para hacerte daño.
Sé cauteloso(a). 

El Kung fu es referencia cinematográfica de violencia, de maestros en lucha china. Pero el kung fu significa “maestro”. En el caso de Confucio, era uno de sus nombres: Kung-fu-tzu, que significa “maestro Kong”. Al igual que Jesús de Nazareth, enseñaba el gran valor de predicar con el ejemplo, basándose en altos principios morales y en una vida ejemplar (Los libertadores, Bolívar a la cabeza, defendían el esquema). Por desgracia, la verdad de tal hecho es tan fuerte, que si las personas comunes ven a un político corrupto o a un ladrón, hacerse ricos  y quedar impunes, pondrán en práctica sus manejos.
No hay nada más emblemático para destruir un país…

En todo caso, la decisión de ayudar sin esperar nada a cambio, es propia.
Igual que los beneficios.

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