domingo, 13 de marzo de 2016

Con motivo del día de la mujer

  
(…)

Cuando estalló la Revolución Francesa, a los católicos no les tocó recibir el desprecio y el castigo del pueblo galo, sino a los representantes de la Iglesia local.

La autoridad absoluta -ejercida por una sola persona o por un grupo- conlleva inevitablemente al despotismo y a la crueldad, por ello los pueblos terminan rebelándose, y el contrato social es, por lo general, brutalmente anulado a causa de una secuela de violencia incontenible.
Las sociedades quedan entonces en un limbo, donde las facciones imperantes terminan peleando para imponerse.

En Roma generalmente los abusos del emperador eran castigados por el Senado; la lucha y la corrupción en las altas esferas de poder, terminaron con el imperio.

Bajo la premisa del “rey absoluto”, no importa si el monarca es un gobernante injusto, e incluso un tirano, los súbditos le deben total y absoluta obediencia[1].

La iglesia, como otros cercanos, apoyaba esta premisa señalando que al ser escogido por Dios, al Rey sólo Dios podía juzgarlo.
Lo cierto es que en el fondo el beneficio económico era el que privaba.

Bodin recuerdo, hablaba de tres tipos de gobierno, el de la Monarquía, el de la Nobleza o Aristocracia, y el de la Democracia que, según él, era un tipo especial de Comunismo.

¿Mejor?

Volvamos entonces a la época de Su Excelencia.

En 1792 los reinos de Austria, Persia, Gran Bretaña, España, y los Estados Papales del Piamonte italiano, formaron “la Primera Coalición”, y le declararon la guerra a Napoleón Bonaparte, líder indiscutible de las fuerzas revolucionarias en Francia.

Los galos fueron obligados a defenderse y por supuesto, rápidamente son derrotados.
El fin de la revolución del Pueblo pareció inminente.
El caos fue total; las carencias y el hambre se profundizaron. La Asamblea votó de manera urgente para reclutar voluntarios, a fin de hacerle frente a las amenazas que se cernían sobre el país.

Los disturbios tomaron las calles.

Pero el Rey, a quien le quedaba cierta autoridad, rompió sospechosamente su alianza con los Girondinos y vetó la propuesta.
Esta decisión selló su destino.

Sus adversarios comenzaron a sospechar.
Una cosa era discutir cómo mejorar la situación del País, otra, promover el cruce de brazos ante una intervención extranjera.

Los Jacobinos decidieron organizar a los voluntarios por su cuenta, y de paso, cercaron al Rey en su castillo.
El duque de Brunskwick, comandante del ejército austríaco, amenazó con represalias si de algún modo la vida del monarca y su familia eran puestas en peligro.

Si ya las cosas estaban malas, se pusieron peor.

Cuando los voluntarios revisaron detalladamente el Palacio, encontraron la correspondencia secreta que Luis XVI había intercambiado con los demás emperadores.
No sólo les ponía al tanto de lo que sucedía en Francia, sino que la guerra se dio como una respuesta a sus súplicas.

La indignación colmó al país.

Mientras las autoridades discutían sobre sus particulares destinos, la Asamblea los envió a él y a su esposa a las mazmorras, como mínimo el cargo era “traición a la Patria”. 

Algunos pocos abogaron por su destierro, pero resultaba indudable que mientras continuara con vida, Luis XVI seguiría intentando retomar el poder absoluto, y era evidente que la vida de los franceses no le merecía ningún respeto.

 Por tanto, la opción de darle un castigo ejemplar terminó imponiéndose.

La Asamblea Nacional eliminó definitivamente la Monarquía y llamó a elecciones masculinas. Como ya he señalado, por entonces las mujeres no importaban ni social ni políticamente. Nacieron para ser madres, amantes, amigas o enemigas; para ser alquiladas, compradas o sometidas, pero nunca para ser consideradas iguales.

Parte de los cambios que pretendía la nobleza española -tanto en América como en España- buscaban mejorar esto.

-     Disculpe la pregunta maestro, pero sobre las mujeres mi saber es prácticamente nulo. ¿Por qué los hombres se empeñan en considerarlas una posesión? -  

Recuerdo que el anciano me miró con una sonrisa en sus ojos, luego, pensativo y muy serio, susurró:

Miedo.

Para quienes no las conocen, son imposibles de descifrar.

Y para quienes hemos tenido la suerte de compartir su confianza, su amistad y su amor, resultan de lo más embriagador que existe en este mundo.

Una sola puede meterse en tu corazón, cambiarlo totalmente, y el resto de tu vida te la pasas añorando su regreso.

Pero si su corazón -y lo hacen más por venganza que por ambición- se inclina hacia el mal, hasta el Demonio les teme.
Bellas, cultas, inteligentes.
¿Libres?
Por ellas han caído Imperios enteros.

En la India un emperador Mogol construyó un mausoleo para que sirviera de tumba a su “preferida”, que murió al parecer, demasiado tempranamente; o bien porque el rey nunca superó su perdida, o porque era ella la luz del Imperio, el Reino decayó al punto de desaparecer más tarde.

El Taj Majal; me cuentan que en el mundo no hay sepulcro más exquisito.

En Roma, por darte otro ejemplo, existió un emperador cuyos excesos obligaron al Senado a sentenciarlo a muerte.
Se convirtió en Rey absoluto a la corta edad de 16 años, quizás a los 17. Su madre, Agripina la menor -bisnieta de César Augusto- enamoró al emperador Claudio, quien ya había matado a su esposa por sospechas de querer asesinarlo.
Agripina no solo logró consolidar el matrimonio, sino que lo convenció para que adoptara oficialmente a su hijo Nerón. Una vez cumplido los requisitos legales, la nueva esposa parece que triunfó en donde la anterior no pudo: envenenó a Claudio, con lo que el joven pasó de inmediato a ser proclamado emperador.

Poco después Nerón demostró ser digno hijo de su madre: ordenó que le dieran muerte.

El historiador Tácito cuenta que, para calmar los rumores que hablaban de su culpa en la quema de la ciudad, achacó a los cristianos tal responsabilidad, y prestó su jardín para verlos arder por la noche.
Los soldados los amarraban a la cruz, y vivos, los prendían en fuego al final de la tarde.

El control que las mujeres logran sobre algunos hombres puede llegar a ser absoluto, y el peligro cuando su influencia es negativa, es lo que ha obligado a que socialmente abandonen su voz y voto, en prácticamente todo.

Escoge bien tu primera vez, casi siempre es la más importante.

Prosigamos.



Obra: “La Rebelión de las Provincias Unidas”, 2013
Publicación electrónica disponible actualmente en la http//: www.Amazon.com
Páginas: 23 al 26
El autor



[1] En el mundo moderno tal “totalitarismo” se ha ejercido bajo numerosas fachadas, la mejor manera de detectarlo es observando la violencia que ejerce sobre sus ciudadanos, y los métodos de cohesión brutal (desapariciones, torturas y asesinatos) que les aplica de manera sistemática. En Centro y Sur América hubo muchos ejemplos durante el siglo XX, casi siempre con apoyo directo o solapado de los Estados Unidos que, al igual que la mayoría de los poderes establecidos, considera los principios de la luz como exclusividad de sus ciudadanos, y apoya estos regímenes por un beneficio económico o político. Para principios del siglo XXI la situación se ha hecho mucho más compleja, ya que han aparecido pequeños grupos a todo lo largo del hemisferio hispanoparlante, que “exigen” estar al mando, y han fomentado la violencia como una manera de confundir y conmover a la opinión pública foránea, buscando un apoyo que les permita imponer lo que por el diálogo y el voto popular no logran. (N.A.)

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