domingo, 26 de agosto de 2018

Introducción de El No-Mundo
El hombre está sentado detrás de su escritorio. Mientras observa el poema, su mente se escapa y repite, como una video grabadora, la conversación que tuvo la noche anterior con un médico que, sin saber en principio de quién hablaban, accedió a ayudarle en un tema bastante fuera de lo común:
A todo lo largo del mundo -explicó el galeno- muchas personas padecen de algún tipo de afección psico-maníaco-depresiva, un tenebroso título con el que médicamente, se identifica a los que, en algún momento de sus vidas, tienen, tuvieron o tendrán, solo por tristeza, ganas de morir... ¿De eso se trata, no? - él hombre asintió, y dijo, pensativo:
Los Orientales los llaman “Espíritus Solitarios”. ¿A conocido personas con esas características? - El pediatra sonrió, meditó unos segundos y señaló:
Me parece que no estaría muy lejos si nombro a Janis Joplin (La Perla);  Margaux Hemingway; Jim Morrison; Kurt Cobain; Marilyn Monroe; Los Beatles; Reverón, Rembrandt, Bolívar; y uff, ¿qué te puedo decir?, supongo que un montón de otras personas, anónimas o no, que siendo como ellos, nunca llegaron ni llegarán a ser importantes para nadie; excepto, quizás, un perrito pequeño y peludo, o alguien que les ame con locura, que es más de lo que la mayoría pudiéramos decir. -Ambos asienten. El médico continúa:
En un artículo de diciembre de 1.994, supongo que no lo conoce, aparecido en el excelente y añorado dominical del diario Economía Hoy -añorado por mí al menos, ya hace mucho que está fuera de circulación- Sergio Dahbar habló de la fragilidad de Silvia Plath, de su diagnóstico como maníaco-depresiva, de la violencia psiquiátrica a la que fue sometida; mencionó además, aunque no incluye mayores detalles, dos autobiografías de otros que sufrieron de lo mismo: «ABAJO», de Leonora Carrington, publicado a mediados de los cuarenta, y «LAS MEMORIAS DE UN NEURÓTICO», del Dr. Schreber, principios del siglo XX, me parece.
Conozco algo sobre Silvia Plath y los electro shock a los que fue sometida.
Triste y supuesta solución nacida en un matadero para cerdos.
¡Y los shocks de insulina¡, por favor, ambos eran procedimientos famosos, pero por sus resultados casi inmediatos...
La locura o el suicidio, lo sé. Hubo otro reportaje que tocó el tema. Creo que apareció en julio de ese mismo año. Allí, un señor llamado Jerry Adler explicó los síntomas:“Abrumadoras sensaciones de ansiedad, inseguridad y falta de autoestima; ataques de aletargamiento profundo, o períodos de euforia que lo lanzaban a algún nuevo y dinámico proyecto.” ¿Le suena conocido? Perdone si le ofendo de algún modo, pero a diferencia del común, no creo que sean signos de locura. Buena parte de la humanidad lo padece ¿Qué siente usted? -

Pensó antes de responder. Al contrario de lo que supuso al principio, no se sintió incómodo al verse descubierto. Finalmente dijo, jugueteando con la humedad que se reflejaba en la pared del vaso de su bebida:
Es como si estuvieras montado en una ola de seis o siete metros: en un momento estás en la cúspide, al siguiente estás en el fondo: euforia-dolor, en ese orden. Dolor en el alma. Perenne, se aferra al corazón; es un sentimiento que vive conmigo y del cual no puedo apartarme, vaya a donde vaya, haga lo que haga. Y es así desde niño.
¿Maltrato infantil? ¿Abuso sexual?
Maltrato infantil, creo. Psicológico. Recordaría si hubo abuso sexual. Adultos intentaron  acercarse, pero a Dios gracias me daba terror, y siempre me escabullía.
Entiendo. Bueno. No hay edad para que se manifieste. Al menos es lo que se sabe. Tampoco manera de enfocarlo en un determinado margen social, biológico o situación específica. Mucho menos predecir qué o cuando sucederá. Los científicos, los médicos, por desgracia, no sabemos mucho, solo que puede aparecer.
¿Algún remedio?
Químicos. Hoy día todo se arregla con químicos. Pero yo no le puedo recetar. Bastante gente se ha refugiado en la bebida, que es un grave error, espero que no sea su caso.
Por un tiempo.
¿La Religión?
Me lo han insinuado, pero me molesta la gente que piensa que Dios solo se encuentra, dentro de las cuatro paredes de sus particulares iglesias, o en el interior de figuritas de yeso, cartón o madera.Y entonces solo en esos lugares se porta bien.
Entiendo: en la repetición hasta el cansancio de una liturgia supuestamente sagrada, o en el desprecio por aquellos que no pertenecen al culto. -Vuelven a sonreír, el hombre pide dos tragos más; se conocieron esa tarde, en una reunión de negocios. Por la noche fueron todos a cenar,  y finalmente quedaron ellos en la barra. El galeno agregó:
No debiera tomárselo tan a pecho. En “todas” las religiones por desgracia, existen segregaciones parecidas. Supongo que es su manera de mantener el orden, es por lo que creo que desprecian al prójimo que no pertenece a su culto, aunque prediquen la verdad y la justicia. Usted no es el único con la verdad en su mano. Mucha gente se ofendería si nos escuchara. -Soltó una carcajada para sí mismo: ¿Cómo sobrevive?
Soy ratón de biblioteca. Cuando se hace desesperante: leo, estudio, hago ejercicio. Supongo que fue así que me hice adicto al trabajo, me obligo a estar siempre ocupado.
Eso no es bueno. Meditación, autocontrol, Tai-Chi, Yoga.
Algo de eso. Dígame una cosa, ¿existe algún tipo de estudio que determine el vínculo entre la enfermedad y el consumo de drogas? Llámese Cocaína en Norteamérica, Opio en los Países Asiáticos, Heroína en Europa, o Vodka en la extinta Unión Soviética.
Marihuana en Latinoamérica... -susurró el otro, pensativo- No, de hecho ahora que lo menciona... La propuesta es interesante. Si lo hay no lo conozco. Pero insisto, no creo que sea una enfermedad, son muchos los que padecen algo parecido. ¿Sufrió algún tipo de acoso en casa? -el hombre asintió con cierta gravedad:
Mamá era insoportable. Podría llamarse Acoso. 24 horas de vigilancia, 365 días al año. Ni siquiera me dejaba hablar. En cualquier momento entraba al baño a ver que estaba yo haciendo. Y cada vez que llevaba a alguien a casa, a un amigo o amiga, disfrutaba relatándole lo que, según su punto de vista, eran mis estupideces. Opté por no presentarle a nadie, porque una vez que la escuchaban, me perdían el respeto e intentaban...
Repetir su actitud.
Ajá. Algunas amigas se le escabullían. Y en secreto me mimaban. A ellas les debo la forma de caminar, el cariño con el que me gusta tratar a las mujeres, cuando me lo permiten; mi forma de besar... Cuando crecimos, mis hermanos se hicieron sus aliados para evitar que los convirtiera en objetivos tácticos. Cuántas personas…, ¿somos muchos?
¿Maníacos depresivos? Las estimaciones de la Asociación Médica de Estados Unidos para el año 2.000, si mi memoria no falla, mencionó a poco más de 350 millones de Seres Humanos.
¿¡Trescientos cincuenta “MILLONES”!?
Deprimidos -y muchos no saben el por qué- indiferentemente de su color, ideología, religión, posición social o geografía. Usted es más común de lo que piensa. ¿Por qué cree que se vende tanto chocolate? Los antidepresivos son uno de lo medicamentos más buscados a nivel mundial.
Pero para la cultura Occidental somos Enfermos Mentales. Es por lo que nadie habla sobre ello.
Ignorancia. De allí parte el temor. ¿Qué tanto le afecta, o de qué forma?¿Podría explicármelo?-
Medita nuevamente, no es nada fácil.
Ciclos de tristeza. Lapsos que se repiten con la regularidad de la Luna llena sobre Caracas. Parecidos, supongo, a la pequeña incomodidad que reportan los vientres femeninos todos los meses. 
Interesante.
Es algo que maltrata el alma.
¿Cuanto dura?
Siempre poco más de dos días. Si sucede los fines de semana, aparece luego de mi acostumbrada siesta por las tardes, es entonces cuando siento que el vacío, este vacío-personal-mío, se hace grande, inmensamente grande, tanto, que desde el piso donde me gusta dormir cuando paso el día en casa -por mis molestias en la espalda- con las piernas sobre la cama, me da la impresión de que mas allá de las paredes del cuarto no hay absolutamente nada. Es una sensación sumamente extraña, que me recuerda, nunca he sabido por qué, lo que he leído sobre Hiroshima justo después del paso del Enola Gay, y su solitaria bomba atómica. Dios, el sublime y bondadoso, el que es todo sabiduría, no el colérico y justiciero de los libros sagrados; Jesús de Nazareth, mi versión personal por cierto, no el acartonado por las diferentes iglesias cristianas; el amor con el que algunas “princesas” me han devuelto a la vida, muy pocas por cierto, a veces sin yo pedirlo; y la verdad con la que trato de afrontar mi día a día, constituyen una alarma que en los primeros años, cuando adolescente y luego de algunas muertes en mi entorno, sonaba a cada rato y me gritaba al corazón “no lo hagas”. Porque eso es lo que produce la sensación: ganas de abandonarlo todo. De suicidarte.
Algunas muertes en su entorno.
¿Por qué lo dice?
Posible detonante. ¿Cómo se definiría a si mismo?
Oh, bueno. Alguien que nunca ha podido superar la sensación de ser uno de esos seres extraños, que necesitan de ayuda especial para adaptarse, más o menos, a lo que el hombre común entiende como Sociedad.
La maníaco-depresión es básicamente un difusor de la personalidad, debe entender eso, y  algo muy... Normal, que 350 o 400 millones de seres la padezcan en alguna u otro medida, es prueba más que suficiente. Ahora, eso no quiere decir que vaya a rendirse; como le digo, yo no puedo recetarle, pero puede buscar ayuda médica, es lo que le recomiendo, si no quiere, entonces siga como va: consulte, aprenda, busque alternativas. Pero por favor, no se aísle. Es lo peor que puede hacer.  Debe  superarla, controlarla, mejorar la calidad de vida propia ayuda mucho; ponga esmero en la forma en cómo se desenvuelve, en cómo se trata a si mismo y al entorno con el cual se relaciona, sin menoscabo, eso es primordial, de nada ni de nadie. Mucho menos de usted mismo. ¿De donde cree que sale eso de «en casa de herrero cuchillo de palo»? Son incontables las personas que viven arreglándole la vida a los demás, sin preocuparse por la propia, al menos en este país. Los Maníaco Depresivos, no permita repito, que el nombre le asuste, son solo seres especiales, ni mejores ni peores. Solo diferentes.-



Su mente vuelve a la realidad. 

El poema aparece nuevamente sobre su escritorio, extraño y perdido como un ave Do-Do. Se encuentra mezclado con recortes de prensa, con minutas y notas sueltas, notas sobre su trabajo, sobre claves de investigación, detalles que quizás no quiere olvidar, o que tal vez le ayuden a identificar párrafos, frases, información clasificada, o cosas  que han dicho y que, para lo único que sirven, es para atar cabos sueltos y solucionar problemas -supuestamente- insolubles. 



Pero el trabajo es solo eso, y él lo sabe. Puedes ganar dinero y comprar cosas. Distraerte. Creer que olvidas. 




En cambio, la dulzura de ellas... 

La dulzura de ellas le han devuelto a la vida.
Muy pocas por cierto. No todas tienen el valor de liarse con un «bicho raro».
Y sucedió cuando ambos eran niños o entraban a la adolescencia.
A los 16 ya había perdido a cuatro de las que inflamaron su corazón, que le hicieron creer, que no era tan raro: enfermedades naturales, o accidentes...
A los 23 su mejor amiga creyó que sus secretos no eran secretos, sino argucias para engañarla. Y lo traicionó, «por si acaso...»



De allí, y de lo blando de su padre, siempre regresando al hogar a pesar de todos los desprecios, públicos y privados, a los que era sometido en casa. Bueno.

De todo eso nacía su desprecio por los hombres.

Más tarde, cuando regresa del trabajo, se arroja al sofá; está sumamente agotado, como siempre. El sueño lo atrapa rápidamente, y entonces sucede.
Sin saber cómo, vuelve a su particular universo, aquel de donde quizás nunca debió haber salido; es como el poeta que se siente perdido en un mundo que no comprende.

(...)



Capítulo III: La Tempestad
La otra noche me dijo un sueño,
en voz baja y preocupado,
con un tono más bien escabroso,
que te había visto,
y yo,
torpe de mi,
no supe qué hacer,
peor aún, cuando el sueño
comenzó a decirme como eras,
desperté.

Algún día te encontraré,
lo sé...,
algún día.

Al final de la tarde
cruzamos La Línea,
que es el nombre que le dan a
la frontera,
y descubrimos,
no sin sorpresa,
un zumbido,
que reverberaba sin descanso,
denso y atormentado,
a todo lo largo de un horizonte
que, como ya dije,
no se veía acabar,
ni de un lado ni de otro;

La Tristeza se apretó a mi tan fuerte
que casi me hizo daño,
pero,
fiel a mi torpeza,
me hice el Güaro.
Y lentamente,
muy lentamente,
entramos en aquella pared de lluvia que caía,
ensordecedora
e inconmovible,
sobre todo lo que alcanzábamos a ver,

Soledad iba por delante,
alerta,
guiando nuestros pasos.

Recuerdo que por un segundo no más
sentí miedo.

Por un segundo no más.

Con una mano me aferré a Dios,
y con la otra,
esperanzado,
me aferré a ti...

Y continué,
pendiente de ver en donde terminaba
todo aquello.

Pero la lluvia nunca cesó,
y fue así,
poco a poco,
que comenzamos a entender por qué,
aún las gentes del No-Mundo,
prefieren no entrar a esos
olvidados senderos
a los que llaman,
no sin razón,
“La Tempestad”.

No habíamos andado mucho
cuando la Tristeza se desmayó,
debí suponerlo,

La Soledad saltó, presta,
y me ayudó a sostenerla,
la colocamos sobre el terreno,
con cariño,
tratando de que la lluvia no la ahogara.

Saqué un poco de sabor de mi boca
y lo llevé con mis dedos hasta la suya,
como cuando éramos niños
y de ese modo,
me salvaba ella la vida...

De pronto balbuceó:
- Es la Melancolía Mayor...,
moriremos..,
moriremos de tristeza...-

Y solo entonces,
cuando dijo eso,
fue que entendí sus temores;

la cargué,
desesperado,
al borde mismo de la locura,
y corrí
junto a Soledad.

Corrí como un perseguido,
por los caminos
desamparados de aquella
pequeña parte del No-Mundo.
Se escuchaba por allí el llanto de los niños,
y el de los adultos,
de donde quiera que miraras,
y también el de los ancianos.

Se oían lamentos de todos los seres,
en todos los lugares…,
y era un mismo lamento.

Y es que en ese lugar
estaban instaladas todas las Penas,
y aún mas,
estaban todas las Tragedias por venir.

Todas ellas habían comprado sus parcelas,
las habían acondicionado.
Y esperaban,
pacientes,
a que sus respectivos tiempos llegaran.

Para ingresar al mundo.
Al mundo real,
el verdadero,
el tuyo.

Y hacer,
lo que tenían que hacer…
(...)

Prosigo.

Las condiciones de la Tristeza
continuaban razonablemente estables,
razonablemente...

Lo cierto del caso es que
mi más fiel compañera
desde niño,
yacía inconsciente entre mis brazos.
No dormía,
más bien parecía haber entrado en un
coma melancólico,
un coma para lo cual
ciertamente,
creo que no hay cura.

La Soledad y yo levantamos
campamento,
lo hicimos callados y pesarosos.

Fuera
nada había cambiado,
continuaba allí la lluvia perenne,
un frío que te helaba los huesos,
y una tristeza más grande
que la suma de todas las
tristezas juntas.

Soledad salió delante.

La Tristeza,
mi tristeza,
nuestra tristeza,
pensé yo...

La cargué con mucho cuidado,
me disfracé de Alma en Pena
y volví a correr,
a correr como un loco,

Debíamos encontrar pronto la salida,
de otro modo moriría irremediablemente,
y qué sería de mi sin mi Tristeza,
¿qué,
oh Dios,
sería de mí...?

Y corrimos, repito,
corrimos por senderos obscuros,
por callejones solitarios,
por playas llenas de desperdicios,
por callejuelas sucias y olvidadas.
Y todo era una sola tormenta,
era lo único que había,
que se escuchaba,
que se veía,
era lo único real en aquella
parte del No-Mundo.

No hubo descanso
alguno para estos tres viajeros,

vagabundos errantes de un mundo en llamas,
sobrevivientes únicos de una
civilización
perdida,
pequeñísimos fragmentos de un Dios
que todo lo ama...

(...)

Nota:
El secreto del “Poema en el Escritorio” es que la persona por la cual clama el esclavo (el Ser Humano, en todas sus facetas y expresiones) está muerta. Asumo que los que han vivido la experiencia (perdido a un familiar, amante o amigo, indiferentemente de las características que les han unido) entenderán mejor la alegoría: el dolor te carcome por dentro, casi como una bestia que no puede controlar su apetito; a lo lejos, en el horizonte, la Locura te hace señas, invitándote a un festín. Los que sobrevivimos -a pesar de las apariencias y de nuestro silencio- nunca seguimos siendo los mismos. Ojalá pudiéramos evitarla, pero asumo que es parte del protocolo de vivir, de perder y ganar, de caer, y levantarse.


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